Pobre Filosofía, pobre Educación, pobres nosotros

filosofía2Acaba de celebrarse  el Día Mundial de la Filosofía sin pena ni gloria; algo lógico en un país cuya “Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa”  prima las “cuestiones prácticas” y considera la Filosofía una secreción del pasado de dudosa utilidad.

Desde una posición crítica con la anterior, no falta quien reivindique con pasión la permanencia en el currículum educativo de una “Historia de la Filosofía” porque les parece monstruoso que la próxima generación ignore quienes eran Aristóteles, Platón o Descartes.

El conjunto del debate es alicorto y profundamente deprimente porque se soslaya la cuestión de fondo: qué enseñamos, cómo enseñamos y para qué

Si, dentro de 300 años, la humanidad ha conseguido sobrevivir al carácter codicioso y depredador del sistema capitalista (cosa que dudo), en los centros educativos  se enseñará una única asignatura con un nombre precioso: “Amor a la Sabiduría”, o sea,  Filosofía.

¿Por qué? Pues porque entonces se tendrá plenamente asumido que sólo podemos aspirar a comprender la realidad si la vemos como un todo del que nosotros mismos formamos parte.

Se explicará que en épocas primitivas ( como la nuestra) la ciencia aún se empeñaba en estudiar la realidad distinguiendo lo técnico de lo científico, lo orgánico de lo inorgánico, lo físico de lo químico, las emociones de la fisiología, lo vegetal de lo animal, lo animal de lo humano y lo terrestre de lo extraterrestre. Y que, para cada trocito de realidad, los especialistas establecían leyes y reglas que se enseñaban en las academias a través de libros diferentes llenos de datos a memorizar. Y los alumnos sonreirán compasivos ante nuestra lamentable torpeza

Los filósofos ayudarán a  los alumnos a reflexionar sobre ellos mismos, sobre sus emociones y sus deseos, sobre lo que les hace sufrir y lo que les gratifica y, sobre todo, sobre todo,  les ayudarán a reflexionar sobre la relación entre el conocimiento, la libertad y la felicidad.

La razón es evidente: dentro de 300 años se tendrá muy claro que, si los alumnos consiguen relacionar estas tres cosas – conocimiento, libertad y felicidad –  la adquisición de  todo tipo de conocimientos, la realización personal y la competencia profesional vendrán por añadidura.

Amén

 

 

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