Syriza es mi amiga pero más amiga es la verdad

Aristóteles, alumno y amigo de Platón, creía firmemente que  ninguna fidelidad ni ningún interés podían estar por encima de su coherencia, su dignidad intelectual y su amor por la verdad. Por eso se dice que pronunció esta frase:  “Platón es mi amigo pero más amiga es la verdad

Quizás a más de un político le convendría tatuarse esta frase en un lugar bien visible

Cuando hablamos de nuevas formas de hacer política, enseguida nos vienen a la mente asambleas en las plazas, nominaciones en primarias  y votaciones por internet… pero esto no toca lo esencial: lo esencial es hablar claro, lo esencial es poner los intereses de la gente por encima de los intereses de partido, lo esencial es no prometer lo que no se puede cumplir y no hacer lo contrario de lo que se ha prometido. 

Este es el cambio politico que tod@s necesitamos :hacer un pack indisociable entre la política, la ética, la honestidad intelectual y el respeto a la verdad.

La derrota política  de Syriza, la quiebra de su proyecto político y el pase de Tsipras al bando de los que están dispuestos a gestionar el austericidio, ha supuesto una bomba para fuerzas políticas como IU y Podemos que hemos apoyado incondicionalmente a Syriza y que la hemos puesto como ejemplo de lo que se debería hacer en España.

Se puede intentar negar que esta bomba existe y se puede intentar pasar de puntillas sobre el tema desviando la atención hacia lo perversa que ha llegado a ser la Troika… pero estos intentos van a ser vanos: la bomba esta ahí y va a ser un tema central del debate político y de la próxima campaña electoral a las legislativas.

Se puede y se debe  discutir sobre si Grecia tenía otra salida o, más precisamente, si las otras salidas eran más o menos convenientes

Pero lo que es indiscutible, sin confundir ni mentir a la gente,  es que Syriza ganó las elecciones con el compromiso de acabar con el austericidio y las privatizaciones y recuperar la dignidad y la soberanía del pueblo griego… y lo que también es indiscutible es que, pasando por encima de sus promesas electorales y de un referéndum que él mismo convocó, Tsipras ha hecho exactamente lo contrario de lo que prometió y se autopropone ahora como el mejor gestor posible del austericidio que se había comprometido a eliminar.

Syriza es mi amiga pero ésta es la verdad.

Es una verdad tan dura que algunos han renunciado a digerirla y se han limitado a construir un discurso de seguimiento acrítico de Syriza. Es así como hemos escuchado a Pablo Iglesias (¡él, que había venido a regenerar la política!) diciendo que la aceptación del rescate y la sumisión a la Troika era la mejor opción para Grecia y  que estaba de acuerdo con el giro de 180º y el desprecio al Referéndum  que Tsipras ha protagonizado

Frente a semejantes juegos malabares me consuela observar que hay gente dentro de Podemos como Miguel Urban que hacen un discurso sobre Grecia radicalmente distinto al de Iglesias. Me consuela también  escuchar el discurso de Alberto Garzón, más prudente y ponderado que el mío, pero  en lo absoluto incoherente y me consuela más aún observar que la Izquierda Plural en el Congreso votó que no al rescate mientras otros, que aún no están presentes en él, anunciaban enfáticamente que ellos hubieran votado que sí. Pero, en honor a la verdad, también observo algún desnortamiento en nuestras filas y declaraciones de algún diputado que conjugó el no al rescate con manifestaciones de solidaridad acrítica con Syriza.

A pesar del título, el propósito de este artículo no es ajustar cuentas con Syriza (o, por ser más exactos, con lo que queda de ella después de la escisión de Unidad Popular). Tsipras y su partido bastante tiene con el descenso electoral que las encuestas le auguran y con el pase a la oposición o la posibilidad, aún más patética, de cogobernar con aquellos a quienes siempre ha combatido.

El propósito de este artículo es exigirme y exigirnos a todos y todas los que nos hemos opuesto a la Europa neoliberal una reflexión honesta sobre lo que ha pasado para, a continuación, formular una propuesta honesta al electorado; una propuesta que contenga una promesa ajustada de hasta qué punto vamos a poder cambiar las cosas, de cómo vamos a cambiarlas cosas y de qué líneas roja, de verdad, no estamos dispuestos a atravesar

Todo eso, por supuesto, con seriedad, con honestidad, y con la verdad, con nuestra modesta verdad, por delante. España ya  ha padecido a Zapatero y a Rajoy dando  el “cambiazo” entre lo prometido en campaña y lo hecho en el Gobierno. Auque sólo fuera por eso, aquí no se puede repetir lo de Grecia

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