Mi apoyo a Pedro Sánchez

aaa pedro sanchezCada mañana, cuando me levanto, me encomiendo a los dioses para que el gobierno socialista no caiga antes del anochecer.

Lo hago por muchas cosas: por la garantía a los pensionistas de que sus pensiones se revalorizarán de acuerdo con el IPC, por el cese de los recortes en Educación y Sanidad, por el impulso a la Ley de Memoria Histórica, por el impulso a las políticas de igualdad de género y por afrontar el el tema catalán desde el respeto a la ley pero tendiendo puentes de entendimiento y de diálogo.

Lo hago porque han dimitido un ministro y una ministra por cuestiones que tienen que ver únicamente con la ética personal y, a pesar de lo desgraciado de ambos casos, esta vara de medir nos equipara a los países más avanzados de Europa en esta materia… Y, por supuesto,  nos distancia a años luz del inmovilismo que practica el PP en estos temas y en otros de mucha mayor importancia.

Lo hago a pesar de  las famosas “rectificaciones” y cambios de criterio que tanto excitan a la prensa y lo hago, incluso, a pesar de la novatada antológica de Margarita Robles y Josep Borrell sobre la venta de armas a los saudíes (ver Nota al pie).

Sin embargo, la razón fundamental de mis súplicas a San Lázaro es que, si el PSOE fracasa en su acción de gobierno y le sustituye un gobierno de PP y Ciudadanos, el retroceso en todos los órdenes va a ser antológico: vamos a añorar a Rajoy y a Sáez de Santamaría (y no lo digo en broma).

El PP de Casado no es el PP de Rajoy: es peor. Y Ciudadanos ya tiene poco que ver con el centro derecha honesto de sus inicios. Ambos han olfateado los poderosos vientos que, en Europa, impulsan el neofascismo y ninguno está dispuesto a que surja Vox o cualquier otro partido y les robe la tostada. Por eso, con la complicidad de muchos medios de comunicación indignos de tal nombre, se han desmelenado en un asunto tan zafio como la falsa acusación de plagio en la tesis de Sánchez y por eso están pidiendo algo constitucionalmente tan absurdo como la aplicación de un 155 preventivo en Catalunya.

En Mayo pasado, el CIS le daba a la suma de PP y C’s 5 puntos de ventaja sobre la suma de PSOE y UP; en agosto, en cambio, la moción de censura, la novedad de Sánchez y la crisis interna del PP invirtieron la situación: 5 puntos de ventaja a las izquierdas; en estos momentos, la media de encuestas hablan de un empate técnico, lo cual quiere decir que estamos al borde del precipio (a pesar del handicap suplementario que tiene la derecha al haber roto todo tipo de puentes con los partidos nacionalistas)

Una buena noticia es que Pablo Iglesias se mantiene a la altura de las circunstancias buscando contrapartidas razonables a cambio de su apoyo parlamentario (al menos, de momento).

Otra buena noticia es que los grupos catalanes tendrían muchas dificultades en derribar a Sánchez teniendo en cuenta que esto significaría una nueva entrada en vigor del artículo 155.

Una mala noticia es que la dirección de IU, mi partido,  no parece entender la actual  situación y, en vez autoconsiderarse parte de la mayoría parlamentaria que sostiene al gobierno, se considera, formalmente, oposición al gobierno socialista   No obstante, me extrañaría que IU no hiciera lo que ha hecho estos dos últimos años seguir la estela de lo que haga Podemos.

En todo caso, con estos frágiles mimbres con los que hemos de bregar hasta que nos sangren las manos. A corto plazo no hay otro dilema que mantenernos como Portugal o estar como Italia

Nota Lo que se tendría que haber hecho es dar por buenos los contratos ya firmados (como han hecho todas las fuerzas políticas sin excepción) y anunciar el protocolo que, según parece,  ya está en marcha y que va en la línea de lo contenido en el  propio programa del PSOE: hacer “cumplir estrictamente las previsiones de la ley sobre comercio de armas, reforzando el control parlamentario y la transparencia y denegando su autorización cuando exista riesgo claro de que puedan ser utilizadas de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano

 

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El neofascismo y el milagro de Sánchez y los leones

aaa daniel_leonesCuando el neofascismo amenaza, conviene levantar la nariz de los lazos amarillos por un instante e intentar comprender lo que nos está pasando. Algunos datos:

1 ) Hace 20 años, el 86,6%   de los países de la UE tenían gobiernos progresistas

2 ) Hoy,  la UE ha pasado de 15 a 28 miembros de los cuales sólo el 17,8% tienen gobiernos progresistas (España, Portugal, Grecia, Rumanía y Eslovaquia).

3 ) Hace sólo un par de meses – conviene mucho no olvidarlo – España tenía un gobierno conservador y la encuesta electoral del CIS  ,publicada en mayo pasado, colocaba al PP y a Ciudadanos como primera y segunda fuerza política en intención de voto. El PSOE y Podemos quedaban relegados, respectivamente, a la tercera y cuarta posición.

En contraste con el equilibrio de fuerzas que se había producido en las elecciones de 2016, esta encuesta del CIS dibujaba un panorama de holgada mayoría parlamentaria de la derecha con una única incógnita: saber si Ciudadanos (a menos de dos puntos del PP)  sería o no capaz de liderar un futuro gobierno.

4) El auge conservador en Europa viene acompañado del auge de un neofascismo  de diferente intensidad que ya gobierna en países como Austria, Italia. Hungría y Polonia y que tiene expresiones claramente neonazis en países como Alemania

5) La oleada conservadora no se detiene en Europa: el giro progresista que se produjo hace unos años en el centro y sur de América está en franco retroceso y  los tres estados del mundo más poderosos  – Estados Unidos, Rusia y China – están gobernados, respectivamente,  por un ultraconservador descerebrado, un gangster y una férrea dictadura.

En resúmen: políticamente, la izquierda está yendo marcha atrás y casi sin frenos

Que, en estas circunstancias, Pedro Sánchez, con 85 diputados, tuviera la audacia de aprovechar el efecto “Gürtel” para llegar a la Presidencia del Gobierno con los apoyos que todos conocemos puede considerarse un milagro.

La pregunta es si este milagro tiene posibilidades de prolongarse durante un tiempo mínimamente razonable y, lo más importante, si va a prolongarse tras las nuevas elecciones que, probablemente, se convocarán el año que viene

Si hemos de hacer caso a la encuesta del CIS publicada hace poco más de un mes hay razones para el optimismo: el PSOE se dispara hasta el 29,9% y la suma de PSOE y Podemos supera a la suma de PP y Ciudadanos en un 4,7% (poco que ver con la diferencia del 2,8% a favor de la derecha que se produjo en las elecciones de 2016)

Sin embargo, la senda del gobierno socialista está llena de minas: la radicalización de la oposición y de los medios de comunicación que le son afines; los propios errores que pueda cometer el gobierno; la descontrolada  huída hacia delante del “procés” y,  también, un amplio sector de la izquierda que, históricamente,  considera al PSOE un enemigo a batir (ver, por ejemplo, la declaración de IU  de 14 de julio en la que se autodefinió como “oposición” al gobierno, por la frustración que éste había generado… 6 semanas después de haber contribuido a hacerlo posible)

En todo caso, lo que a mí más me preocupa y me hace sospechar que Sánchez no tenga el mismo final feliz que el profeta Daniel en el pozo de los leones es comprobar como la  inmensa mayoría de los partidos no tienen en cuenta en lo absoluto (o fingen no tener en cuenta por conveniencia) todos los horrores que he descrito al principio. de este artículo

Hace tres años tuve el placer de redactar el prólogo de un libro titulado “José Díaz . Discursos por la Unidad Popular” en el que se ponía en valor a José Díaz, Secretario General del PCE en los años 30. José  Díaz, muy consciente de las amenazas del fascismo y en contra de lo que le ordenaba hacer Stalin, abogó por un Frente Popular que no sólo englobara al PSOE sino también a otros partidos de centro pero caracterizados por su carácter democrático, progresista y republicano.

Me he preguntado  cuál sería la actitud de José Díaz en la actual situación y, tras una brevísima reflexión,  no he tenido la más mínima duda

 

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Catalunya: un pantano infectado por la mayoría de partidos

pantanoEn Catalunya se han producido, dos elecciones autonómicas en dos años; se han realizado (más o menos)  una consulta y un referéndum sobre la autodeterminación; el Parlament ha aprobado leyes inconstitucionales; se ha proclamado ilegalmente la  independencia de Catalunya;  hay varios líderes políticos en prisión preventiva y otros que han buscado refugio en otros países; han desaparecido partidos de larga tradición y han aparecido otros nuevos; el nacionalismo moderado se ha radicalizado y el constitucionalismo (que se ha lanzado por primera vez a la calle)  también;  la autonomía  ha sido suspendida durante varios meses y ahora gobierna en Catalunya un President que considera que el President verdaderamente legítimo es Puigdemont.

Cuál ha sido la consecuencia de todo este terremoto político en la correlación de fuerzas entre catalanes independentistas y no independentistas: cero! Asombrosamente, cero!

En las elecciones de 2015, los partidos independentistas (JuntsxSí y la CUP) obtuvieron un 47,8% de votos y los partidos no independentistas  obtuvieron  un 48,05%.

En las elecciones del año pasado, tras todo tipo de terremotos políticos y con la autonomía suspendida, los partidos independentistas ((JxCatalunya, ERC i CUP)  obtuvieron un 47,49% de los votos y los partidos no independentistas un 51,17%.

A la vista de estos resultados, cualquier partido independentista normal debería considerar que no dispone de “pólvora” suficiente para forzar la independencia, que es imprescindible acumular fuerzas  de cara a un futuro intento y que, mientras tanto, hay que tender puentes de diálogo con el Estado.

Igualmente, cualquier partido constitucionalista normal, debería percatarse de que esta Catalunya que consideran tan suya, tan parte de sí mismos y tan entrañable tiene un problema enorme de enfrentamiento interno  y de enfrentamiento con el resto del Estado que es urgente corregir mediante la escucha, el convencimiento y el diálogo político

Lamentablemente, ni unos ni otros están en esta dinámica. Tanto los líderes de los partidos independentistas como los líderes de los partidos constitucionalistas saben perfectamente lo que hay pero prefieren chapotear en en el pantano, atizar las  emociones de sus respectivas parroquias, descalificar a los otros  y – sobre todo y muy principalmente – buscar réditos electorales para sí.

Sólo el PSCy el PSOE  y (más  recientemente y con más dudas), Catalunya en Comú y UP, optan por el sentido común. Pero esto no es suficiente a pesar de la evidente ventaja de no tener a un pirómano en la Moncloa.

Una última observación: el agua está empantanada y no se desplaza ni a gusto de los unos ni de los otros, pero  esto no quiere decir que, en el futuro, no pueda pudrirse e infectarse aún mucho más. En estos tiempos, no lo olvidemos, salvo aplicación de una fuerza en contrario, todo tiende a empeorar

                     

Per a Olga i Xevi, per debatre tan bé des de la discrepància

 

 

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El CIS, yo (Casandra) y la fragmentación de UP

aaaa casandraNoviembre de 2016:  el CIS le daba a  Unidos Podemos un 21,8% de votos y al PSOE un 17%. En este contexto, un Pablo Iglesias absurdamente eufórico declaraba en el Congreso que la investidura de Rajoy no significaba otra cosa que el epílogo del “régimen del 78” representado por PP, PSOE y Ciudadanos y el inicio de la futura e inevitable victoria de Unidos Podemos.

En aquel momento, tuve el valor de hacer de Casandra y publicar un artículo en este mismo blog con el elocuente título deUnidos Podemos va camino del fracaso, aunque no lo parezca

Hoy el CIS ha publicado una nueva encuesta en la que le otorga al PSOE el 29,9% de los votos y a Unidos Podemos el 15,6%. Es sólo una encuesta, sin  duda, pero que tiene la preocupante característica de ir exactamente en la misma dirección que el resto de las publicadas

Es por eso que hoy reivindico con más fuerza  las tres tesis que resumían el citado artículo de hace dos años y que reproduzco literalmente:

– “Que los dirigentes de Unidos Podemos se equivocan al intentar seguir  movilizando  a electores y militantes fingiendo  ignorar el avance conservador y castigando nuestra inteligencia con el anuncio de victorias y cambios inminentes que jamás llegan a producirse. Esta técnica, que funcionó perfectamente como motor de arranque de Podemos en 2014, ya ha perdido casi todo su efecto  tras este nefasto 2016 y la investidura de Rajoy.

– Que primar los discursos y “relatos atractivos” en vez de una política seria, coherente  y pegada al terreno ha impedido hacer una lectura adecuada de los resultados electorales, nos ha llevado a importantes errores tras el 20D y el 26J y también en el análisis de lo que significa la investidura de Mariano Rajoy.

– Que UP se ha quedado a medio camino en el giro hacia una nueva política (de aquí nuestros errores) y que, por tanto, es necesario cambiar en diversos ámbitos muy esenciales

No voy a desarrollar aquí los cambios a realizar porque los expuse en otro artículo que tocaba cuestiones de línea política, alianzas con otros partidos, democratización política, etc   y que podéis  consultar en el siguiente enlace: Una nueva política (de verdad) para desatascar la izquierda” 

En realidad, este artículo de hoy no tiene por objeto reiterar lo ya escrito (aunque sí reivindicarlo) sino dotar de credibilidad a una frase del artículo de noviembre de 2016 :

Mi convicción es que hoy estamos más lejos de este objetivo [el cambio de la política y la mejora de las condiciones de vida de la gente] que hace un año y que, si no se produce  un cambio de rumbo en nuestra acción política, la situación irá a peor y, finalmente, el proyecto (Unidos Podemos) se fragmentará.

En mi opinión, “el proyecto se fragmentará“, en efecto, si se consolida este 15% que auguran las encuestas porque todos los proyectos tienen un umbral de pérdida de confianza electoral a partir del cual se fragmentan y, en el caso de Unidos Podemos,  es fácil que este umbral se sitúe en torno al 15% que indican las encuestas están indicando.

¿Por qué? Pues porque UP tiene tres fragilidades: 1) es la casa común de confluencias muy diversas  2) porque tanto Podemos como IU tienen diferencias internas importantes y 3) porque UP descansa sobre un elemento emocional – el famoso “Sí se Puede” – que se vuelve en contra de quienes lo invocan cuanto más evidente es que no se puede y que, probablemente, no se podrá.

Claro que no hay por qué preocuparse: a lo mejor en este caso sí que me equivoco

 

 

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El 15 de julio IU desaparece

AAAAHace un año, Ernesto Alba, actual Secretario General del PCE Andaluz, tuvo el descaro de explicar cómo iba a ser la voladura de IU en esta entrevista publicada en eldiario.es  . Al día siguiente, yo publicaba en este blog   una entrada con el significativo título de “No quiero que se use el PCE para liquidar a IU”  .

Recomiendo mucho la lectura de estos escritos para entender lo que está pasando.

Tras las elecciones de diciembre de 2015 y la obtención de dos diputados, pocas eran las personas en IU que consideraran que la organización no debía cambiar: unos proponían  cambios prudentes y moderados, otros poníamos el acento en cambios más radicales (especialmente en el funcionamiento interno y la relación con la ciudadanía) y otros  creyeron que había que había que dar un importante giro a la izquierda tanto en IU como, ¡ojo al dato!, en el seno del PCE.

Esta última posición no se hizo explícita en la XI Asamblea que eligió a Garzón como Coordinador. Estábamos a poco tiempo de las elecciones de junio de 2016 y de lo que se trataba – suponíamos muchos ingenuos – era de renovar el liderazgo y de cohesionarnos de cara a dichas elecciones. Así que Garzón se limitó a presentar una ponencia muy transversal con mucha democracia participativa, mucha unidad de la izquierda y mucha presencia en el conflicto social que obtuvo un montón de votos (entre los cuales el mío, por cierto).

A partir de ahí, el giro estratégico que no se había explicitado se fue aplicando por la via de los hechos (es decir, antidemocráticamente)

En lo que se refiere a la línea política, IU ha ido asumiendo las características propias de un partido izquierdista: un discurso ideologizado y más dirigido a reafirmar a los de dentro que a convencer a los de fuera; una visión de la realidad en blanco y negro y con pocos matices y una política de alianzas refractaria a los acuerdos que, en vez de sustentarse en el programa (¿os acordáis?: “programa, programa, programa) se sustenta en la afinidad ideológica.  La últimísima perla de esta línea política se ha producido en Andalucía, donde  IU y Podemos han acordado hace pocos días  que, a partir de 2019, en ningún Ayuntamiento de Andalucía se va a gobernar conjuntamente con el PSOE !! (sic)

La traducción de esta línea política en lo interno es el sectarismo hacia el discrepante (incluyendo a “discrepantes” muertos como Santiago Carrillo), la aplicación del rodillo en vez de la búsqueda de acuerdos, el centralismo  en vez de la federalidad y el acercamiento cada vez mayor a los Anticapitalistas integrados en Podemos. Pero lo peor de todo, ha sido la ausencia de democracia interna:  IU ha hecho suyo al 100% el sistema de cesarismo plebiscitario utilizado por Podemos y que tuve ocasión de criticar muy duramente en un  artículo reciente.

Los referendums o consultas  – no debe haber confusión sobre este tema – son  un mecanismo democrático excelente si son la culminación de un debate  extenso e intenso donde el elector haya tenido tiempo y herramientas para conocer, debatir colectivamente  y participar en la elaboración de las diferentes opciones. Los referéndums sin este proceso previo, aquellos en los que la dirección decide unilateralmente sobre qué se pregunta, cuándo se pregunta y cómo es la pregunta son una tomadura de pelo lamentable que el cuerpo electoral castiga con participaciones tan penosas como el 19% que se registró en la recientísima  consulta celebrada por IU sobre la reforma de los estatutos (ver nota elaborada por varios compañeras y compañeros)

La Asamblea de día 14 de julio –  que, en mi opinión, supone el fin de la IU que hemos conocido en los  últimos 32 años –  no sólo ratificará este sistema plebiscitario del “clic” en el ordenador, también  aprobará las medidas anunciadas en la entrevista de Ernesto Alba citada al principio de este artículo: la pérdida de contenido de la militancia y su equiparación de facto con los simpatizantes, la falta de organicidad y   la conversión de IU en una “plataforma de activistas”. Más aún: va a  centralizar a IU y va a suprimir su  órgano de dirección política más operativo (la Coordinadora) y mantendrá como única dirección una “Asamblea Política y Social” elefantiásica,  que se reúne cada tanto y especialmente inoperante en su manera de funcionar

La Podemización organizativa de IU va a ser, por tanto, total, pero con una diferencia importante. La equivalencia al  “entorno de Pablo” no va a ser la Ejecutiva ni la difunta Coordinadora ni la Asamblea Política y Social: va a ser este Partido Comunista de España de cuya dirección forma parte Garzón y que acaba de reencontrarse con el marxismo-leninismo y con el centralismo democrático (es decir, que ha vuelto a los años 70 del pasado siglo)

 

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Las mentiras de Casado… y de casi todos los demás

Me parto de la risa cuando escucho a Casado diciendo que los pactos que promueve para para evitar que sea Presidenta de su partido Saez de Santamaría no contradicen el discurso del PP sobre el derecho a gobernar de la lista más votada… porque es un sistema de dos vueltas!.

Pues claro que es de dos vueltas! Si fuera una elección a una sola vuelta (como las elecciones a la presidencia de Estados Unidos) y Casado pretendiera desbancar a la candidatura más votada acabaría en el juzgado de guardia

La realidad es que el sistema del PP es de dos vueltas en un sentido muy parecido a como lo es en España la elección de la Presidencia del Gobierno, las presidencias autononómicas o las alcaldías: el electorado  elige compromisarios (diputados, o concejales) que son los que, a la postre, tienen la última palabra sobre quién va a presidir cada institución (como va a pasar en el congreso del PP).

Esto es lo que permite tejer alianzas para configurar gobiernos no presididos, necesariamente, por la lista más votada… y lo que el PP  ha demonizado y denostado sin piedad.

En realidad, cada sistema tiene sus ventajas y sus inconvenientes  (que ahora sería muy prolijo detallar) pero con la posición del PP  en la mano (y que no es la mía, por cierto)  es evidente que  Santamaría es, 100%, quien debe presidir el PP.

La nueva política significa  no mentirle a la ciudadanía: se puede estar equivocado pero no se puede ser intelecturalmente deshonesto y uno de los más graves problemas de este país es que aquí se miente mucho y que la mayoría de los medios de comunicación (que son los primeros que deberían poner en su sitio a los mentirosos) son los primeros que se apuntan al carro y convierten la información en un cúmulo repugnante de mentiras y medias verdades (que son las peores mentiras, como todo el mundo sabe)

No es raro que la ciudadanía ande confusa y  desquiciada y que la política de este país de auténtica pena

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Despreciar la abstención y la “nueva política”

aaa abstencionTodos los analistas coinciden en que una amplia participación de la ciudadanía en las elecciones y referéndums es señal  de buena salud democrática y que, por contra,  las participaciones bajas –  especialmente las inferiores al 50% – indican problemas políticos y falta de legitimidad del sistema.  De ahí que se considere políticamente más “sana” la situación de países europeos como Bélgica, Suecia, Francia, Italia y Alemania (siempre por encima del 65 % de participación),  que la de Estados Unidos (que apenas alcanza el 50%).

Sin embargo, la vieja política es muy poco sensible a estas consideraciones y el nivel de abstención nunca suele ocupar demasiado tiempo en sus análisis.  Más aún: como los sistemas electorales suelen deformar el sentido del voto para favorecer a los partidos mayoritarios, no sólo se desprecia la abstención sino que también se desprecia el voto en términos de porcentaje y la atención se centra exclusivamente en si se ha ganado o no y en el “cacho” de representación institucional que cada uno ha conseguido.

La nueva política, por lógica, debería hacer todo lo contrario y ser particularmente sensible al descontento o la indiferencia que se puede hallar tras la abstención pero, al menos en España, no parece ser el caso. Podemos e IU hacen de las primarias y los referéndums una seña de identidad pero no muestran particular preocupación por el hecho de que sus consultas no superen el 50% del censo y, en ocasiones, se sitúen por debajo del 30% (en hiriente contraste, por cierto,  con el 79,8% de participantes en las primarias del PSOE del año pasado).

Más aún, hace sólo cuatro días, con motivo del referéndum de IU sobre las confluencias,  pude leer este tweet del Coordinador General de IU en el que afirmaba que “El 76,62% de la militancia de IU ha votado a favor del preacuerdo de unidad electoral para 2019” cuando, en realidad, sólo lo había hecho el 32% del censo. ¿Cómo pudo producirse esta anomalía? Sencillamente: considerando inexistentes a quienes (por razones políticas de peso en muchos casos) decidimos no votar.

Yo creo en la democracia participativa, en el debate, en la organización política y en el trabajo colectivo y también creo más en las propuestas que van de abajo a arriba que en las que van de arriba a abajo. Izquierda Unida piensa lo mismo (o, al menos, así lo dicen sus estatutos).  Por eso, los referéndums y las primarias pueden ser la mejor culminación de un proceso participativo siempre y cuando cumplan algunos requisitos fundamentales  que ya señalé en un post anterior (que las preguntas sean claras, permitir expresarse a todas las opciones posibles y neutralidad de la papeleta)  pero, en ningún caso, las consultas pueden sustituir el proceso participativo.

Que nadie se engañe: la dinámica de diseñar preguntas desde arriba y lanzárselas a los de abajo para que éstos, individualmente, respondan “sí” o “no” tiene un nombre muy feo (cesarismo plebiscitario), no tiene nada que ver con la democracia participativa y es, desgraciadamente,  más antiguo que el pastar

 

 

 

 

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