Causas y consecuencias de las elecciones andaluzas de (diciembre 2018)

Este es el artículo que escribimos José Luis Pérez Tapias, Ricardo Sixto Iglesias, Gloria Martín Rodríguez, Jaime Gareth Flórez Berreales, Susana Vila Rodríguez, Glòria Marcos Martí y yo mismo sobre las elecciones andaluzas y que publicó eldiario.es . Podéis encontrarlo también en este enlace

ANDALUCÍA: MALOS RESULTADOS DE UNA POLÍTICA ERRONEA Las elecciones andaluzas del pasado domingo han vuelto a dejar a las encuestas en mal lugar. Ninguna había sido capaz de adelantar que pese a ganar las elecciones, el PSOE sufriría un castigo electoral tan importante y que, por otro lado, la posible irrupción de VOX en el Parlamento andaluz tendría las grandes proporciones que finalmente hicieron que, por vez primera en democracia, el bloque de derechas superase al de izquierdas en votos y escaños.
Para alarma generalizada de cualquier demócrata, la extrema derecha ha hecho nuevamente aparición en las instituciones, con una fuerza que no se esperaba. Esta movilización del voto extremista hay que ponerla en relación con el desgaste del PP, partido al que tradicionalmente acudían estos votantes. Ciudadanos, que jugaba a recoger el voto descontento del PP y a sumar más apoyos, ha visto frustrado este último objetivo a pesar del espectacular incremento de votos recibidos. La aparición de la extrema derecha en la cámara ha ido paralela a la frustración de Ciudadanos por no conseguir sobrepasar al PP, probablemente porque le ha pesado haber sostenido durante la legislatura anterior al gobierno de Susana Díaz.
En todo caso, el aumento de voto al bloque de la derecha hay que revisarlo con una cierta perspectiva. En las elecciones autonómicas de 2012 el PP y UPyD sumaron solamente unos cien mil votos menos de los obtenidos ahora por PP, C’s y Vox. No parece que se haya producido una movilización importante de votantes de izquierda hacia posiciones de extrema derecha. Más bien los votantes de derecha y extrema derecha se han movilizado enervados por la situación catalana o la cuestión migratoria, volcando sus apoyos en un casi desconocido partido extremista elevado al estrellato por los medios de comunicación y hasta por la propia Susana Díaz en debate televisado.
Mientras toda la derecha se ha movilizado a participar en estos comicios, el electorado de izquierdas ha experimentado una desmovilización especular en sentido contrario. El hundimiento del PSOE hay que explicarlo en el marco del desgaste por los años de gobierno, el peso de los problemas de corrupción, e incluso otras cuestiones de menor calado como la frustrada maniobra de Susana Díaz para saltar a Madrid tras la defenestración de Pedro Sánchez, de la cual fue si no responsable principal, sí una actriz protagonista. Sin embargo nada parecía augurar tamaño desastre. Susana parecía sentarse sobre un suelo electoral más solvente, al menos lo suficiente como para poder mantener la Presidencia de la Junta, con los apoyos que pudiese recabar a posteriori. Pero la abstención de una parte significativa del electorado socialista ha frustrado esa estrategia, tanto como la del pretendido sorpaso por parte de Adelante Andalucía.
A la izquierda del PSOE, Podemos e IU, que concurrieron a las elecciones de 2015 por separado tenían la secreta esperanza de obtener mejores resultados que el PSOE y el público deseo, apoyado en algunas encuestas, de obtener unos resultados que superasen la mera suma aritmética de los votos y escaños
obtenidos tres años antes. Sin embargo ambos anhelos se vieron defraudados la noche electoral. Ni se pudo sumar lo que obtuvieron por separado en 2015 ni, mucho menos, recoger parte del electorado defraudado con el PSOE para capitanear la izquierda andaluza. Nuevamente vemos que las coaliciones raramente suman, más bien o multiplican o, en muchos casos, restan.
Las razones de este fracaso tienen que ver tanto con la deriva general de Unidos Podemos como con errores cometidos en el ámbito estrictamente andaluz.
Adelante Andalucía se ha presentado a las elecciones con un discurso político confuso que situaba como objetivo principal la derrota del “susanismo”, excluía, en la práctica la posibilidad de gobernar, y planteaba acuerdos parlamentarios puntuales con el Partido Socialista de incierta viabilidad. Dicho discurso no era estimulante para los electorados de Podemos e IU y tampoco resultaba útil de cara a conseguir la adhesión de electores decepcionados con el Partido Socialista para quienes este escenario de incertidumbre y confusión no tenía particular atractivo. Sin embargo, no podemos olvidar que Unidos Podemos está electoralmente a la baja desde su misma constitución en 2016, cuando perdió un millón de votos respecto a lo obtenido por IU y Podemos en las elecciones de diciembre de 2015. Desde entonces, las perspectivas electorales de UP han ido permanentemente a la baja.
La razón es que en Unidos Podemos se han ido sumando muchos errores: vaivenes permanentes en el discurso y en los objetivos estratégicos; en el modelo territorial; en la cuestión catalana en particular; en el análisis de la realidad y en la relación con el PSOE. En el caso de Catalunya, esta ambigüedad y falta de rigor en el discurso ha terminado por dividir gravemente a Catalunya en Comú y, en el caso de IU, a la desaparición en la práctica de nuestro referente en Catalunya. Por otra parte, tanto en Podemos como en IU se han adoptado modelos organizativos verticales de carácter plebiscitario que sólo tienen de democrático la apariencia y que han convertido de facto a los adheridos y adheridas en meros refrendadores de los acuerdos cupulares. Por último, el cainismo y los tics autoritarios que se ha instalado en Podemos y en IU (el último ejemplo ha sido la eliminación de todos los miembros del grupo de IU en el Parlamento europeo y su sustitución por nuevos candidatos afectos al Coordinador general) ha supuesto la pérdida de un valor fundamental para la izquierda que es el respeto a la pluralidad política y territorial y conduce irremisiblemente, a la desmovilización progresiva de los adheridos y adheridas.
Todo ello ha contribuido a decepcionar a propios y electores, haciendo la oferta electoral nada atractiva para atraer a los votantes. Las direcciones de Podemos e IU deberían reflexionar sobre los errores cometidos, las necesarias medidas de renovación y los cambios que se hacen imprescindibles para invertir la tendencia a disminuir el respaldo electoral.
Lamentablemente los primeros análisis evacuados aunque reconocen la existencia de problemas no apuntan ninguna solución más allá de ahondar en las estrategias cuestionadas por electorados que de facto son diversas y en
análisis desapegados de la realidad. Los llamamientos genéricos a la unidad y al fortalecimiento organizativo parecen más un cierre de filas y nueva laminación de la pluralidad. O se rectifica y pronto la política y la dinámica organizativa de IU o viviremos nuevas decepciones electorales en los próximos comicios

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Desgraciamos generaciones enteras pero vamos a mejor

Recuerdo los presos del IRA que murieron en huelga de hambre para conseguir, que Irlanda del Norte se incorporara al resto de Irlanda… sin conseguirlo

Recuerdo los asesinatos y secuestros de ETA llevados a cabo para derrotar al Estado español y conseguir la independencia y el socialismo en Euskadi… sin  conseguirlo.

Veo a Gran Bretaña metida en un callejón sin salida:  obligada por un referéndum convocado según los intereses del Partido Conservador (y en el que la gente votó sin conocer toda la verdad) y atrapada en un acuerdo de Brexit con la Unión Europea que no gusta a casi nadie.

Veo al independentismo catalán incapaz de reconocer que no se puede proclamar la independencia con sólo el apoyo de la mitad de los catalanes. Veo como su barco se acerca progresivamente a los arrecifes y que  nadie tiene el valor de dar un golpe de timón por el desgaste electoral que esto supondría para su partido

Leo lo que se publica en la prensa y las redes sociales y observo melancólico que, en momentos de conflicto, la razón es sistemáticamente pisoteada y lo único que cuenta es la emoción o la mentira interesada.

Entonces me dan ganas de enviarlo todo a paseo… pero hay una cosa que me sostiene: al final, aunque seamos capaces de desgraciar la vida a generaciones enteras (¿recordamos lo que significaron las últimas guerras mundiales?) si uno mira la historia de la humanidad en perspectiva (de unos 350.000 año para acá) se aprecia claramente que vamos progresivamente a mejor.

Así que habrá que joderse, vencer el desánimo y hacer lo posible para seguir en política hasta el final, intentando, sencillamente,  que todo vaya a mejor

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PSOE y Adelante Andalucía serán capaces de entenderse?

entendimiento andalucia1 ) Andalucía es de izquierdas: en lo que llevamos de siglo, la izquierda ha superado siempre el 50% de los votos y, si hemos de creer las encuestas, así será también dentro de quince días.

2 ) Este voto ha sido siempre plural pero con una clara hegemonía del PSOE que, en  diversas ocasiones, ha obtenido mayorías absolutas muy holgadas.

3 ) Desde hace 10 años, el terremoto de la crisis ha acabado con las mayorías absolutas y también ha supuesto un mayor equilibrio dentro de la izquierda, pero siempre con una clara mayoría del partido socialista. El PSOE, en 2015, casi dobló a  la suma del voto de Podemos e IU y, según la encuesta del CIS, doblará en votos a Adelante Andalucía.

4 ) Desgraciadamente, la izquierda más mayoritaria del Estado es también la izquierda más sectaria. El PSOE Andaluz, acostumbrado a las mieles de gobernar en solitario, intenta por todos los medios mantener este status y por eso rompió su acuerdo de gobierno con IU en la legislatura pasada. Por su parte, IU y Podemos han dedicado los últimos cuatro años a alimentar un discurso absurdo según el cual la derrota del PSOE debía ser el paso previo al verdadero cambio en Andalucía.

5) Unos y otros se han de bajar del carro. Si Susana Díaz pretende – como me temo – gobernar en solitario con acuerdos de geometria variable con A.A. y Ciudadanos se equivocará porque este Ciudadanos que tiene enfrente ya no es la criatura recién llegada que obtuvo nueve escaños en 2015: es un partido maduro que va a doblar resultados y que tiene una alianza implícita con el PP para llegar al poder en Andalucía y en el Estado. Por otra parte, si Adelante Andalucía pretende facilitar la investidura de Susana Díaz para, a continuación,  dedicarse a desgastar al gobierno también se va a equivocar porque, como en el caso anterior, la resultante será facilitar un gobierno (ultra) conservador en Andalucía y en el resto del Estado.

6 y último ) Cuando pasen las elecciones el PSOE y Adelante Andalucía han de ponerse al servicio de la ciudadanía y acordar contenidos y criterios de gobierno, como hizo IU en 2012, pero con más concreción, con menos marrullería y con verdadera lealtad no del uno hacia el otro sino de los dos hacia la ciudadanía que les ha votado . Moralmente y políticamente, ésta es su obligación

 

 

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Todos deberíamos ser golpistas, como Sánchez

aaagolpistasEl artículo 472 del Código Penal no hace una referencia explícita a la figura del golpe de Estado pero define como reos del delito de “rebelión”  a los que “se alzaren violenta y públicamente” para modificar la Constitución, derrocar la monarquía y otros supuestos

El término golpe de Estado lo define  la Real Academia Española como una “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes” y define un golpista como aquél que “participa en un golpe de Estado o que lo apoya de cualquier modo

Según nos informó ayer Pablo Casado,  en estos momentos, en España, se está produciendo un golpe de Estado, es decir, una  “actuación violenta y rápida dirigida generalmente por fuerzas militares o rebeldes para apoderarse de los resortes del gobierno”  

Es más: Casado también nos informó de que Pedro Sánchez era “participe y responsable de este golpe de Estado” y,  por tanto, que era un golpista, ya que, según la RAE, un golpista es exactamente esto: quien “participa en un golpe de Estado o que lo apoya de cualquier modo” 

Al común de los mortales nos es difícil identificar esta “acción violenta y rápida” de “fuerzas militares y rebeldes” que se está dando en Catalunya “para apoderarse de los resortes del gobierno“. Pero, en todo caso, si el Señor Casado es capaz de ver un golpe de Estado en lo que vemos en los telediarios todos los días, creo que se ha metido en un buen lío porque esta situación ya se producía antes de junio y, por tanto, la lógica más elemental nos indicaría que Rajoy también era un golpista.

No me extenderé más. Los propósitos del Señor Casado sólo pueden ser propios de un ignorante, de un desequilibrado o – como creo que es el caso – de alguien que desprecia olímpicamente la verdad.

Por eso creo que Pedro Sánchez hizo muy bien ayer al dar un golpe – no de Estado sino sobre la mesa – y romper relaciones con Casado hasta que éste se retracte. Pero no por la misma razón que cualquier persona  podría hacerlo sino porque, desde mi perspectiva de izquierdas, estoy convencido de que el embarramiento del debate político, el recurso a la mentira y el intento de agitar las conciencias mediante falsedades o desvaríos  es profundamente reaccionario y muy perjudicial para la izquierda.

Creo firmemente que la izquierda sólo puede abrirse paso en estos momentos tan difíciles para ella (en España y en Europa)  cargándose de razón y negándose a entrar en el juego fácil de la demagogia porque estoy convencido de que en el mundo del populismo barato, los Fakes, la información basura, los sloganes superficiales y la supremacía de la emoción sobre la razón la izquierda pierde seguro.

Quiero ver en el gesto de Pedro Sánchez, por tanto,  no sólo un gesto de dignidad sino también un no rotundo  a la pseudopolítica y a la postverdad y un compromiso igualmente rotundo con  los  valores, el compromiso, la sinceridad, el reconocimiento de las dificultades, el gusto por los matices y  la honestidad intelectual. Eso sí que sería hacer nueva política

 

Dedicado a Emilio Alonso, animal racional donde los haya,  quien, estoy seguro, compartirá estas modestas líneas

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¿La ministra de Justicia debe dimitir o no?… y un par de capones

aaa dudaLa ética política es una asignatura difícil de aprobar. Los códigos éticos de los partidos son poco útiles y suelen centrarse, con mayor o menor fortuna, en cuestiones relacionadas con el Código Penal. Las otras cuestiones: las relacionadas con el comportamiento ético y la ejemplaridad exigible a quienes se dedican a la política, conforman un campo muy vasto y espinoso, que requiere ser tratado con mucha seriedad y que se han de medir con un criterio esencial: la coherencia

Desgraciadamente, lo más habitual es que, en estos casos, cada partido tienda a posicionarse en cada caso según le convenga y que la gente piense, con bastante razón, que la famosa ética brilla por su ausencia y sólo se invoca para zaherir interesadamente al adversario.

El gobierno de Pedro Sánchez parece haber dado un giro a esta dinámica con la dimisión de dos ministros por cuestiones por las que hasta ahora, sólo se dimitía en algunos países  europeos.  La pregunta es si será capaz de aguantar el tirón de su propia autoexigencia.

El PP está pasando por el scáner a todos los ministros (incluyendo al propio Sánchez) y está exigiendo a los demás lo que jamás se ha exigido a sí mismo y lo que, estoy seguro,  tampoco piensa autoexigirse en el futuro. Pero, éticamente, no se puede utilizar esta consideración para tapar las denuncias del PP: esto sería entrar en el juego perverso que antes denunciaba.

Por tanto, la pregunta sobre la dimisión de Dolores Delgado que encabeza este artículo es totalmente pertinente y mi conclusión, después de darle muchas vueltas, es que tal dimisión no es necesaria

No lo exige su lenguaje políticamente incorrecto en un ámbito coloquial (lo que dejaría inhabilitado para la política al 90% de la población española).

No lo exigen sus confusas explicaciones iniciales sobre la relación que sostenía con Villarejo porque se trata de algo sucedido años atrás y porque lo esencial – que no tenía con él relación estrecha de ningún tipo – ha sido siempre mantenido y,  de momento, nadie ha podido desmentirlo.

No lo exige el mero hecho de comer con Villarejo porque, en el momento que lo hace, Villarejo era un policía reputado y condecorado, no un presunto delincuente

No lo exige el el hecho de que acote con la expresión “éxito total” los eficaces y turbios procedimientos de Villarejo  para obtener información porque asentir a que sean eficaces no implica que sean correctos.

No lo exige, y esto es lo más importante, que no denunciara ante el juzgado de guardia la conversación mantenida con Villarejo porque es prácticamente imposible que dicha denuncia tuviera algún  viso de prosperar (entre otras cosas, porque no habría ninguna prueba material que la sustentara: quien grabó y se quedó las cintas fue Villarejo, no el resto de comensales). Tanto es así que quienes sostienen lo contrario, si realmente se lo creyeran, deberían revolverse también contra los altos mandos policiales y el juez que también estaban presentes en la comida para echarles en cara que no presentaran  denuncia… pero nadie lo ha hecho porque no había denuncia viable que presentar y   porque esto dificultaría el único objetivo que realmente se persigue: la dimisión de la ministra.

Esta es mi sincera y pobre opinión y respeto otras en contrario formuladas desde el rigor y la imparcialidad:  los juicios éticos no son  fórmulas matemáticas.

Lo que me es difícil de aceptar son contradicciones como las que antes he expuesto en relación al PP… y como la de los partidos que se abstuvieron en la votación del Senado: Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, Compromís y CC.

La Ministra puede dimitir o no… pero no puede medio dimitir. De la misma manera, los partidos pueden opinar que existen motivos suficientes para la dimisión o que dichos motivos son insuficientes, poco claros o, sencillamente falsos: en el primer caso han de votar a favor de la dimisión y en el segundo han de votar en contra.

Quien crea que la Ministra cometió una inmoralidad debe pedir su dimisión. Quien no lo crea debe hacer lo contrario. Pero darse el gusto de criticar a la ministra para que quede claro lo escrupuloso que uno es en estos temas pero absteniéndose de votar porque tienen que acordar unos presupuestos, o porque están negociando cosas de financiación  o porque les parece poco estético votar junto con el PP y Ciudadanos me parece una inmoralidad y política vieja de toda la vida

 

 

 

 

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Mi adiós a Izquierda Unida

aaa adiosMilito en Izquierda Unida desde hace 34 años,  le he dedicado muchísimas horas y  muchos esfuerzos pero, aún así, es mucho más lo que ella me ha dado a mí. Me  ha  abierto la puerta a muchas experiencias, ha confiado en mí para formar parte de la dirección de IU y de EUIB y  también me ha permitido trabajar en diferentes instituciones de Baleares ( a veces en el gobierno y a veces en en la oposición). Lo más importante, sin embargo, es que me ha permitido conocer a muchísimas personas capaces, honestas y valientes

A pesar de todo ello, ha llegado un momento en el que pienso que lo más honesto por mi parte es darme de baja en IU y, al mismo tiempo, dejar constancia en este escrito de las razones que me han llevado a tomar esta esta difícil decisión.

Antes de hacerlo, tres precisiones:

Primera, que mi decisión no es el fruto de un arrebato momentáneo ni de un movimiento oportunista, es la consecuencia de una discrepancia política de fondo que manifesté por primera en un artículo titulado  “Unidos Podemos va camino del fracaso aunque no lo parezca” y fechado en noviembre de 2016

Segunda , que en la última asamblea federal de IU yo apoyé la candidatura de Alberto Garzón e incluso participé modestamente en la redacción de su ponencia política, por lo que  mi baja en la organización no responde a un desacuerdo con lo aprobado en la XI Asamblea sino  a lo que considero un desarrollo inadecuado y poco democrático de lo allí aprobado

Tercera ( y relacionada con la anterior), que yo no soy un nostálgico del pasado de  IU: soy alguien que quería renovar y dar un nuevo impulso a IU sobre la base de una verdadera democracia participativa  que, en estos momentos, brilla por su ausencia

La línea política implementada por la actual dirección adolece de un vicio mayor: la pérdida de contacto con la realidad, el desprecio por un concepto tan esencial como la correlación de fuerzas (medir con objetividad tu propia fuerza y la de tus adversarios) y, en definitiva, la falta de una estrategia y una táctica útiles para avanzar.

El avance espectacular de la derecha y la extrema derecha en Europa y en el mundo no debe hacernos renunciar a ninguno de nuestros valores ni de nuestros objetivos estratégicos (proceso constituyente, movilización social, etc.) pero sí que nos obliga a hacer un discurso inclusivo y a tejer una política de alianzas amplia que nos permita tener algunas posibilidades de éxito a la hora de hacer frente al tsunami ultraconservador.

IU ha hecho todo lo contrario: ha radicalizado el discurso; ha trazado fronteras con enemigos internos  tanto muertos (Carrillo) como vivos (Llamazares); ha trazado fronteras con el PSOE  en tanto que lo considera parte del “bloque monárquico y antidemocrático del 155” y del “régimen del 78” (una manera fina de expresar el famoso PSOE-PP la misma mierda es) y, a diferencia de Podemos,  se sitúa como “oposición”  al actual gobierno de Pedro Sánchez (no como parte de una mayoría parlamentaria).

Que hace un mes, en el máximo órgano de dirección de IU, un destacado dirigente de de la organización manifestara  que  “Errejón es el nuevo Carrillo” y que a Pablo Iglesias parece que le está tentando eso de ser la figura de “hombre de Estado” que en su día fue Carrillo, nos da una idea de los vientos que corren en la dirección federal

En este sentido,  el rumbo marcado hace unos meses en el Congreso del Partido Comunista de España  (un partido que ha recuperado protagonismo en la marcha de IU y de cuya dirección forma parte Alberto Garzón) no está ayudando, precisamente,   a superar nuestro divorcio con la realidad.

Yo me afilié en 1984 a un PCE que, en su XI Congreso, acababa de afirmar  con rotundidad que donde no había libertad no había socialismo y que, poco después, se volcó en una IU abierta, asamblearia y sin “brazos de madera” (es decir, sin que el PCE diera consignas a sus militantes sobre cómo actuar dentro de IU).

Nada queda de todo aquello. En su último Congreso, los supuestos renovadores de la política han recuperado dos conceptos teóricos de los que el PCE se desprendió ¡en los años 70 del pasado siglo!: el centralismo democrático y el marxismo-leninismo. Ello supone la vuelta a los “brazos de madera” en IU y a concepciones políticas tan chocantes como ésta que pertenece al Documento Político del Congreso:

La existencia en nuestros días de estados tan distintos que se reclaman del comunismo como Corea del Norte, Vietnam, China, Cuba y alguno otro más, nos señalan que el desarrollo del movimiento comunista durante el siglo XX ha sido mucho más poliédrico y rico de lo que a veces pensamos.Con todos ellos mantenemos cordiales lazos de amistad y compartimos foros y encuentros multilaterales y bilaterales basados en el respeto mutuo y en la no injerencia en los asuntos internos”

Por eso me di de baja del PCE: porque no quería asumir cortapisas a mi libertad de acción y opinión dentro de IU (o en cualquier otro foro) y porque mantener cordiales lazos de amistad y respeto con Kim-Jong-Un, por mucho que su régimen este inserto en un ámbito “rico y poliédrico”,  me parecía algo inconcebible.

Volviendo al ámbito estricto de IU, hay un último factor que ha determinado mi marcha de la organización: la Asamblea Extraordinaria del pasado mes de julio impulsada a matacaballo para blindar las políticas emanadas de la dirección.

Quienes tenían el mandato de profundizar en la democracia participativa (es decir, la obligación de fomentar la participación activa de todos y todas en el debate, la formulación de iniciativas desde abajo, la horizontalidad, la interlocución de los afiliados entre sí, y, en definitiva, la participación de todos y todas en el proceso de elaboración de las propuestas como paso previo a la toma de decisiones) fueron exactamente por el camino contrario y copiaron el modelo podemita: equiparación de militantes y simpatizantes, elaboración de las propuestas desde arriba y legitimación de las propuestas a través de consultas telemáticas en las que los de arriba deciden lo que se somete a referéndum, el contenido de la pregunta (cuestión delicada que se presta a todo tipo de manipulaciones) y el momento en que la consulta debe celebrarse.

La resultante de esta “democracia del clic” está más que probada en Podemos y en la propia Izquierda Unida: escasísima participación (incluso para algo tan poco costoso como apretar un botón del ordenador) y  resultado favorable para la dirección por parte de los pocos que votan

¿Y ahora qué voy a hacer?

Lo que más me gustaría hacer, sin duda, es descubrir que todo lo que acabo de exponer no es cierto y, por tanto, tener que intentar volver a IU contrito y humillado

Si tal cosa no sucede, lo que me parece bastante probable,  seguiré activo y posicionándome en política porque la política no es, como mucha gente cree, el esgrima partidista con el que nos castigan la mayoría de los partidos y de los medios de comunicación. La política, básicamente,  son las pensiones, la salud, el trabajo, la educación, el medio ambiente, la tolerancia, la seguridad y, a la postre, algo que incide poderosamente en la felicidad de todos nosotros.

Por último, y llegado el caso, me ofrezco a limpiar la sede o a hacer otros trabajos auxiliares  de cualquier fuerza política de izquierdas e independiente  que recupere los valores y lo mejor de la cultura política de IU; que huya del dogmatismo; que esté dispuesta a llegar a acuerdos con otros sobre la base exclusiva del programa; que sea honesto en sus análisis y renuncie construir relatos para galvanizar a sus posibles electores; que valore al movimiento sindical y al conjunto de los movimientos sociales como un factor esencial para el cambio; que no prometa lo que no puede cumplir; que haga política para la gente y no para el propio partido y, lógicamente, que funcione internamente de acuerdo con los principios de la democracia, la participación y el debate colectivo

Amén

 

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Independentistas contra independentistas… y no es por las cargas policiales

mossos vs independentistas CDRQue los Comités de Defensa de la Republica pidan la cabeza de Torrà y del Conseller de Interior, los acusen de traidores y les amenacen con que “lo pagarán” no es sólo un calentón por los heridos y detenidos del 29 de octubre: es, sobre todo, la expresión de un divorcio creciente entre los dirigentes del “Procés” y el independentismo catalán más radical (La CUP, los CDR y, en menor medida, la ANC) que explica con detalle Bernat Dedéu, referente intelectual del independentismo, en  esta entrevista.

Este enfrentamiento tiene su lógica:  el independentismo radical esta formado por gente que creyó a pies juntillas el discurso oficial independentista y que ha visto, día tras día, como lo que se dice tiene poco que ver con lo que se hace.

Con la promesa de una declaración de independencia posible a corto plazo, la ciudadanía independentista le ha dado a los dirigentes del “Procés” todo lo que éstos le han pedido: movilizaciones, colaboración en la organización de un referéndum prohibido y tres mayorías parlamentarias ajustadas pero suficientes: una en  2015 y dos en 2017.

¿Que han recibido a cambio? presos encarcelados, impotencia,  humillaciones, 155 y una declaración unilateral de independencia de pega que la Generalitat no quiso implementar ni siquiera un segundo (ni siquiera se llegó a arriar la bandera española de la sede del gobierno catalán)

¿La razón? Pues que los líderes del Procés no se atreven a entrar en una confrontación abierta con el Estado porque, saben, desde el minuto uno, que no se dan ninguna de las tres condiciones necesarias para conseguir la independencia y que son:

1) Un acuerdo con el Estado

2) El uso de la fuerza armada y/o

3) una  movilización popular amplísima y  más o menos violenta que paralice de forma duradera la actividad económica y los  servicios esenciales.

Lo cierto es que el acuerdo con el Estado requiere una modificación constitucional muy compleja y por un amplísimo consenso impensable en estos momentos;  que la fuerza militar  es imposible por razones obvias y que la movilización masiva choca frontalmente con algunos “detalles” como que la mitad de la población no sea independentista, que los sindicatos no estén interesados en convocar una huelga general indefinida ni la patronal parezca interesada en echar el cierre a sus negocios e industrias.

Yo no sé cuándo y cómo los dirigentes del procés se reconciliarán con la realidad pero lo que sí sé es que su deshonestidad a la de explicar lo que hay, la cerrilidad de la CUP  y el radicalismo y la intransigencia de algunos partidos españoles está suponiendo y va a suponer más en el futuro una factura y una fractura muy considerables para los catalanes de a pie.

La independencia de Catalunya puede llegar algún día pero no será sobre la base de una ruta imposible como la de 2015.  La independencia de Catalunya , si llega, llegará como resultado de una voluntad ampliamente hegemónica entre los propios catalanes,  de ampliaciones sucesivas del autogobierno, de un acuerdo con el Estado y de una Unión Europea distinta a la actual y que la pueda  facilitar.

En todo caso, si no cambiamos la cultura política mayoritaria en España y en Catalunya (que, paradójicamente, son bastante parecidas), cualquier solución racional es de muy difícil implementación.

 

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