Una nueva política (de verdad)

Una nueva manera de hacer política: un compromiso ético con la ciudadanía  para transformar la sociedad

Una parte importante de la estrategia neoliberal es la devaluación de la política, de los partidos y de los representantes institucionales porque los considera, con razón,  una posible amenaza para sus intereses, una posible limitación a la actividad de los agentes económicos y una distorsión para el funcionamiento del libre mercado.

En cambio, para las  fuerzas transformadoras la implicación en la vida política de los sectores sociales ampliamente mayoritarios que queremos representar y la revalorización de la política son tan importantes como el fortalecimiento y la movilización del tejido social.

El sufrimiento social asociado a la crisis económica ha suscitado, en general, un mayor espíritu crítico y un mayor interés en la participación política. Sin embargo, nos engañaríamos mucho si ignoráramos que estos fenómenos, inicialmente positivos, se simultanean con un enorme grado de desconfianza hacia la política y hacia los partidos. De hecho, las encuestas siguen indicando  que los partidos políticos, lejos de ser vistos como un recurso, siguen siendo valorados por la ciudadanía como uno de sus principales problemas.

Esta situación es excelente para el sistema y pésima para aquellos que queremos cambiarlo: no es posible transformar democráticamente una sociedad donde predomine el individualismo, la desmovilización social  y  la desconfianza hacia lo público y lo colectivo.

Acercarnos a una democracia participativa implica múltiples medidas que van desde la lucha contra la corrupción hasta cambios en el funcionamiento interno de los propios partidos, pasando por una ley electoral justa y la implementación de mecanismos de participación ciudadana en los asuntos públicos

Sin embargo, este tipo de medidas son insuficientes: también es necesario que los partidos que nos reclamamos de la transformación social cambiemos nuestra práctica política cotidiana y nuestra manera de relacionarnos con la ciudadanía porque ésta es la única manera de salir de la dinámica general, de hacernos realmente creíbles, de generar confianza y, a la postre, de conseguir la hegemonía social para nuestros valores y nuestros programas

 

¿Qué podemos hacer para avanzar en esta vía?

Pues muchas cosas que, forzando la síntesis,  se podrían resumir en una sola: recuperar la vieja fórmula por la cual el partido ha de considerarse como un medio y no como un fin y, consiguientemente, situar el centro de gravedad de nuestra acción política exclusivamente en los intereses de los sectores sociales que aspiramos a defender y representar.

Es fácil tachar esta formulación de banal o retórica en la medida en que cualquier partido político podría suscribirla sin dificultad, pero éste no es un buen enfoque de la cuestión: el buen enfoque es conseguir romper las inercias que dificultan cumplir en la práctica algo tan fácil de compartir en teoría y, a la postre, traducir esta formulación general en una práctica concreta.

Desde este punto de vista debemos:

1 ) Practicar, de verdad, una nueva manera de hacer política.

La vieja política es  una lucha entre partidos que los ciudadanos observan con más o menos interés desde la grada. La nueva política se construye desde abajo, en interactuación permanente con la ciudadanía y, lo más importante, centrando nuestra actividad de partido exclusivamente en  la defensa de aquellos a quienes queremos representar. Por tanto, debemos minimizar los esfuerzos y la proyección pública destinada a cuestiones que la ciudadanía ve lejanas o poco interesantes, incluyendo, naturalmente, nuestras cuitas organizativas, nuestros conflictos internos y las batallas partidistas de nulo o escaso contenido.

2 ) Liquidar el cansino te quiero/no te quiero con el resto de partidos.

Una parte importante de la proyección política se dedica a hablar del resto de partidos: nos criticamos, nos retamos, nos citamos, nos solicitamos, nos declaramos el amor o nos declaramos la guerra como si esto fuera una mala obra de teatro a la ciudadanía acude como mera espectadora

Romper con esta dinámica pasa,necesariamente, por colocar nuestra política institucional y nuestra política de alianzas bajo la luz de una pregunta tan sencilla como ésta: ¿qué alternativa de las posibles es la que más beneficia al sector de la ciudadanía al que quiero defender y a la que he pedido o voy a pedir el  voto?. Es sorprendente como , bajo esta perspectiva, la cuestión se clarifica extraordinariamente, algunas posiciones habituales  pierden consistencia y otras, en cambio, cobran un extraordinario valor

En estos momentos de mayor pluralidad política en las instituciones y de enorme necesidad social, esta cuestión es particularmente trascendente. El voto recibido  no es munición para enfrentarnos con el resto de partidos: es un compromiso sagrado que hemos adquirido con nuestros electores y que hemos de administrar con el máximo rigor. La gente se pone enferma, con razón, cuando observa que expectativas generadas tras las elecciones se frustran por querellas de carácter partidista

3 ) Ser intelectualmente honestos en el análisis y en el comportamiento

Es decir, ser creíbles, ser serios, rigurosos y sinceros a la hora de explicar lo que hay, lo que hacemos y lo que queremos hacer. Darle solidez y coherencia a nuestro discurso y a nuestra acción política preservando la coherencia entre la teoría y la práctica.

“Sensu contrario”, debemos resistir a la tentación de la demagogia y de los análisis simplistas: la búsqueda de adhesiones en base a discursos vacuos o propuestas irrealizables puede ser rentable a corto plazo pero, tarde o temprano, genera desmoralización social y desprestigio político.

La gente puede comprender que nos equivoquemos pero no soporta los cambios de opinión oportunistas, la frivolidad o el engaño

4 ) Hacer política para los de fuera y no para los de dentro

Es decir:  tener el coraje de no hacer la política fácil – la que busca las adhesiones internas y los equilibrios internos – y sí tener el valor de hacer aquello que más convenga a los sectores sociales cuyos intereses queremos representar.. aunque nos erosione internamente

5 ) Demostrar en nuestro funcionamiento interno coherencia con lo que proponemos para la sociedad  y para las instituciones que pretendemos gobernar.

No se puede predicar democracia, participación y tolerancia en el ámbito social y dirigir un partido de manera opaca, autoritaria o tomando decisiones trascendentes entre unos pocos