Theresa May ha ganado, no ha perdido

1 TheresaTeresa May ha obtenido un 5,5% más de votos que los obtenidos por Cameron en 2015 (unos 2 millones y pico de papeletas más). Sin embargo, casi todo el mundo habla de un estrepitoso retroceso de los conservadores británicos. 

Qué sucede? Pues que la ley electoral (especialmente en los países de sistema mayoritario como Reino Unido y Francia) deforman de manera monstruosa la voluntad popular hasta el punto de que quien crece significativamente en votos puede perder significativamente en número de escaños.

En los últimos años, casi nadie tuvo ganas de cuestionar que Cameron, con sólo un 36% de los votos, tuviera el 50% del Parlamento y pudiera gobernar a sus anchas y,  por las mismas, a casi todo el mundo le satisfizo ensañarse con la “irreversible” decadencia de un Partido Laborista que, en 2015, obtuvo 100 diputados menos que el Partido Conservador… ignorando que la diferencia con este partido – el que había obtenido la mayoría absoluta – era sólo del 6,9% de los votos.

Dos años después, los británicos vuelven a votar y nos recuerdan la fragilidad de todas estas manipulaciones: ni la posición de los conservadores era tan sólida como indicaba la “magia” de la ley electoral ni los laboristas estaban tan acabados como parecían indicar sus 232 escaños.

Es cierto que la situación política de los conservadores – la que se deriva de la dinámica parlamentaria y de la coyuntura política, es ahora mucho más frágil y delicada que antes de las elecciones.

Pero esto no es óbice para constatar que, en mi opinión, los gestos más significativos que ha hecho el electorado británico el pasado jueves han sido, por este orden, los siguientes:  permitir la continuidad del gobierno conservador; aupar muy significativamente al Partido Laborista como respuesta a las medidas contrarias al Estado del Bienestar y convirtiéndolo en una alternativa muy real a los conservadores; la laminación de la derecha ultranacionalista y, por último,  el descenso de los nacionalistas escoceses que ha cerrado la puerta, de hecho, a un segundo referéndum de independencia.

Mientras intentamos avanzar hacia leyes electorales más proporcionales que permitan acompasar mejor lo que la gente vota y la presencia de sus representantes en las instituciones, es importante denunciar estas diferencias, analizar los resultados basándonos en el porcentaje de votos obtenido por cada partido  y, sobre todo, intentar escuchar lo que la gente ha expresado con su voto. Lo demás es  es politiquerío

 

 

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