26J Qué hacemos con Unidos Podemos?

Pues, sin duda,  mantenerlo. Sin duda, sí,  porque mi respuesta no depende del anàlisis sobre la causa de la fuga de votos de las que hablaba en mi post anterior  ni de la hipótesis planteada ayer por Alberto Garzón (y que yo comparto) respecto a que, sin ir unidos, los resultados hubieran sido peores.

Las sociología electoral corroborará o no esta hipótesis pero, sea cual sea el resultado, mi apuesta, que es la apuesta de Izquierda Unida desde su fundación, va a ser siempre la de articular procesos de unidad popular lo más amplios posibles.

Si lo que queremos es cambiar las cosas de verdad, lo importante no es sacar más diputados en tal o cual convocatoria electoral:  lo importante  es construir una alternativa  que, a medio plazo, pueda tener la mayoría electoral y, lo que es más importante, la adhesión y la confianza de la mayoría del cuerpo social.

Podemos  interrogarnos sobre  si el discurso de la campaña ha sido el más adecuado,  sobre si (como dice Monedero) había que darle más  leña al PSOE, sobre el desgaste personal de Iglesias, sobre si Podemos debe dar marcha atrás y recuperar Vistalegre o sobre si IU hubiera sacado más diputados yendo en solitario bajo el liderazgo de Alberto Garzón … y también podemos poner cara de pez mientras repetimos como un mantra lo de “no entiendo cómo tanta gente ha podido votar al PP, con lo corruptos que son!!”

Pero yo, personalmente, no voy a perder mucho tiempo en respuestas que eluden la pregunta más importante.

La buena pregunta no es por qué se ha perdido un millón de votos sino por qué no hemos sido mayoritarios (con lo corruptos que son, con el castigo social que ha habido…) y la respuesta no está en los demás, ni en cómo son los electores, sino en nosotros mismos.

No descubro nada nuevo: la voluntad mayoritaria estuvo en el orígen de IU y la incapacidad de IU para materializarla estuvo en el orígen de un Podemos que se ha acercado mucho más al objetivo pero que tampoco ha sido capaz de alcanzarlo (ni siquiera unidos hemos podido, si me permitís el desagradable juego de palabras).

¿Qué necesitamos? Pues he aquí algunas ideas:  partir de lo que tenemos, que es mucho; funcionar horizontalmente  y desde abajo;  construir la unidad respetando la pluralidad; cohesionar la pluralidad en torno a un programa; poner las organizaciones al servicio del programa y el programa al servicio de la gente; distinguir lo ideológico de lo programático; distinguir el adversario principal del secundario; saber cuál es la correlación de fuerzas y actuar en consecuencia; distinguir bien entre los contenidos programáticos máximos y el programa posible y adecuado a cada lugar y cada circunstancia; ser serios, creíbles y fiables  y, por último – pero no por ello menos importante – establecer una estrecha complicidad entre lo político y el movimiento social organizado.

Dicho en negativo: no al sectarismo, no al personalismo, no a los hiperliderazgos, no a los funcionamientos cupulares, no al chauvinismo partidista, no al institucionalismo, no a la demagogia, no a la endogamia partidista…

Estos días  las redes sociales bullen con llamadas a combatir el desánimo y continuar la lucha. Lo haremos, claro, como siempre; pero en nuestras manos está ser como estos caballos que relinchan y se agitan frenéticamente dentro del cercado o ser como éstos que, probablemente con menos ruido, son capaces de  alzar la mirada y saltar por encima de la barrera

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