Unidad Popular, ¿sola en casa?

No puedo evitar pensar que, con el tema de Unidad Popular,  a IU le ha pasado lo mismo que a la familia McAllister en “Solo en casa”, la famosa película de los 90: ilusionados con nuestras anheladas vacaciones de Navidad, absortos en los numerosos preparativos, yéndonos de viaje a la carrera… nos hemos dejado en casa al pequeño Kevin.

Conozco la teórica que explica y, a la vez, mitiga las consecuencias de esta situación: que UP es una coalición y, por ley, no podía coaligarse con una coalición más amplia; que la inmensa mayoría de las fuerzas políticas que integraban UP están integradas en la nueva coalición y que la mayor parte los independientes de UP están encantados trabajando por el éxito de la gran coalición de la izquierda.

Todo esto es cierto pero, parafraseando a Galileo, “Y sin embargo… Unidos Podemos es una experiencia de unidad popular pero no es lo mismo que Unidad Popular”

La coalición  de Podemos, IU, Equo, Mareas, confluencias varias y muchas otras fuerzas  me pareceuna de las mejores noticias políticas que se han producido en España desde el fin del franquismo: ha sido una hermosa muestra de sentido común y un chorro de esperanza para muchísima gente que quiere y necesita  que las cosas empiecen a cambiar de una vez

Pero a nadie se le deben ocultar tres factores muy importantes que apuntan a una cierto grado de  inestabilidad en la nueva coalición. En primer lugar, que Unidos Podemos es todo lo que he dicho antes y, también, el fruto apresurado de determinadas necesidades electorales;  en segundo lugar, que Podemos como tal,  ya no es  el Podemos de Vistalegre ni está claro cual vaya a ser su futura definición y, en tercer lugar, que la gran coalición de izquierdas es extraordinariamente diversa

¿Hablo  de una inestabilidad necesariamente negativa?. En lo absoluto. La inestabilidad de Unidos Podemos puede derivar en una ruptura – lo que sería  un terrible fracaso – o puede limitarse a una recomposición orgánica de la izquierda, en función de su diversidad cultural y política, que no ponga en riesgo el trabajo unitario en torno a lo mucho que compartimos… Lo que me parece más improbable, en todo caso, es que lleguemos al 2020 exactamente igual a como estamos ahora.

Por eso, cometería una gran imprudencia quien apostara por dejar a Kevin permanentemente en casa: porque Unidad Popular, en este escenario de recomposición orgánica de la izquierda y por razones que me parecen evidentes,  está en condiciones de jugar un papel importante y positivo a la hora de articular una parte de la izquierda que se encuentra más allá de IU, que tiene raíces ideológicas sólidas y valores bien tramados y que aspira a fórmulas organizativas más novedosas y potentes que una simple coalición electoral.

No hay que sacralizar las organizaciones ni las siglas porque, a la postre, no son más que herramientas al servicio de la política… pero  tampoco hay que despreciarlas: contar con las herramientas adecuadas en el momento adecuado es esencial para que la acción política sea eficaz

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