¿Pero son presos políticos o no?

PIROM Cuando estás leyendo estas líneas,  un número incalculable de personas de decenas de países están siendo perseguidas, acosadas, encarceladas, torturadas o asesinadas por sus gobiernos a causa de “sus convicciones políticas, religiosas o cualquier otro motivo de conciencia, así como por su origen étnico, sexo, color, idioma, origen nacional o social, situación económica, nacimiento u orientación sexual” (Amnistía Internacional).

Que esta enorme e indignante tragedia no ocupe el lugar adecuado en nuestros debates políticos y en nuestra actividad institucional ya resulta de por sí muy lamentable pero que, además, se utilice frívolamente para hacer politiqueo partidista me parece intolerable.

En este sentido, afirmar que Jordi Cuixart i Jordi Sánchez son “presos políticos encarcelados por organizar una manifestación pacífica” (como ha declarado literalmente Pablo Iglesias siguiendo la estela de muchos líderes independentistas)  es una ofensa para los presos políticos de verdad, un insulto para la ciudadanía bien informada y un abuso a costa de la buena fe de la ciudadanía desinformada.

No soy juez ni abogado pero tengo suficiente  sentido común para diferenciar perfectamente una “manifestación pacífica”  destinada a manifestar ideas y reivindicaciones de una concentración convocada para impedir a la policía el registro de una Conselleria de la Generalitat.

Y también tengo claro que el caso que nos ocupa no se aviene con los criterios que maneja el Consejo de Europa para considerar que un preso es político: que su  encarcelamiento y condena han vayan en contra de la Convención Europea de Derechos Humanos y de sus garantías fundamentales, en particular la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, la libertad de expresión y de información, la libertad de reunión y la libertad de asociación y que, además, se detención se deba producir por razones puramente políticas no relacionadas con un delito.

No tengo muy claro el concepto de sedición y me parece excesiva la prisión preventiva para los convocantes de una concentración como la descrita, pero lo que sí me parece evidente es que esta prisión preventiva  (más o menos injusta o más o menos acertada) no  convierte a “los jordis” en presos políticos.

Quienes afirman lo contrario deberían llevar el caso al Consejo de Europa, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos o a  asociaciones tan prestigiosas como Amnistia Internacional o el Observatorio de Derechos Humanos… pero sospecho que no lo harán porque iban a salir trasquilados y porque, esto es lo peor, de lo que se trata es de mantener el siniestro juego de pirómanos que practican a dúo con el gobierno del Estado y de atizar el incendio social que hay en Catalunya.

Como si hubiera poco ya.

PS Redactado este post, Amnistia internacional Catalunya se ha manifestado sobre el tema. Considera excesivo el cargo de sedición y la prisión provisional como medida cautelar  pero en modo alguno habla de presos políticos. Quod erat demostrandum

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Catalunya será otro mazazo electoral para Unidos Podemos

grafica2Unidos Podemos está gestionando muy mal su papel de “tercera vía” en el conflicto catalán y, si esto no se corrige, puede  ser un nuevo mazazo a nuestras ya menguantes expectativas electorales .

Los conflictos nacionalistas polarizan mucho a la opinión pública y dejan poco espacio para las terceras vías salvo que cumplan dos requisitos esenciales:

1 – Aparecer como un elemento superador de la dinámica bipolar 

2 – Aparecer como el portaestandarte de una solución al problema positiva y practicable 

Lamentablemente, nuestra posición está muy lejos de cumplir cualquiera de los dos requisitos.

UP combina  la voluntad de que Catalunya no se separe de España con el derecho a decidir. Se trata de dos elementos programáticos diferenciados respecto a otros partidos y muy defendibles. Sin embargo, cuando desarrollamos estos principios programáticos en una propuesta política concreta fallamos estrepitosamente: no somos rigurosos en el análisis,  no somos capaces de trazar una hoja de ruta sólida, razonable y atractiva e, incumpliendo el primero de los requisitos anteriormente expuestos, aparecemos orbitando en torno a una de las partes en conflicto.

Algunos ejemplos de esto último:

a) Acertamos cuando dijimos  que el referendum del dia 1-0 no era garantista ni válido… pero nos equivocamos al decir que, a pesar de eso, se tenía que ir a votar. Un malabarismo incomprensible para la gente normal y que ya tuve ocasión de analizar.

b) No queremos la independencia pero participamos en el mítin de fin de campaña organizado por el conjunto de los independentistas, otro elemento político no menor y también muy difícil de entender

c) Hemos sido hipercríticos con el inmovilismo político y la falta de diálogo del gobierno del PP – con toda la razón –  pero no hemos sido igualmente críticos, ni de lejos, con un “procés” hecho a medida de los intereses políticos de sus impulsores y que muchos sabemos, desde hace tiempo, que no tiene ninguna viabilidad .

No. Nosotros no aparecemos como una tercera vía ni tenemos autoridad para protestar contra el choque de trenes porque, de hecho, viajamos en uno de los trenes, aunque sea incómodamente instalados sobre el techo de los vagones.

¿Por qué? Pues por algo tan pedestre y tan de vieja política como intentar contentar al sector de nuestro electorado en Catalunya  (minoritario pero significativo) que apuesta por la independencia.

En todo caso, el incumplimiento del primero de los requisitos citados al principio – aparecer como un elemento superador de la dinámica bipolar – influye poderosamente en el incumplimiento del segundo: aparecer como el portaestandarte de una solución al problema positiva y practicable

En efecto, si abrimos el maletín de las soluciones que trae consigo Unidos Podemos encontramos dos únicos elementos: las apelaciones al diálogo (que todos reivindican aunque pocos lo practican) y un referéndum pactado. Poco bagaje para un problema tan complejo

Ciertamente, el referéndum pactado es una propuesta incontestable e hiperdemocrática… pero hay que tener el valor de decirle a la gente la verdad (se supone que la verdad es revolucionaria) y explicarle que el referéndum pactado, a corto y medio plazo, es una solución inviable.

¿Por qué? Pues porque, nos guste o no,  la Constitución Española (y esto nos diferencia de Gran Bretaña o Canadá) es una Constitución que excluye taxativamente cualquier proyecto secesionista y que, además, en éste y en otros temas (no en todos)  es una Constitución muy difícil de modificar porque requiere amplísimas y reiteradas mayorías políticamente imposibles en estos momentos. Dicho en otras palabras, con la actual Constitución, el Gobierno del Estado no podría pactar un referéndum de secesión de ninguna comunidad del Estado… ¡aunque tuviera la voluntad política de hacerlo!

A corto y medio plazo, sólo queda, pues, la otra vía, la que ha ensayado Puigdemont:   la ruptura con el orden constitucional ya sea en Catalunya o en el conjunto del Estado. El problema  – por no entrar en disquisiciones que nos llevarían muy lejos – es que esta vía tampoco es practicable a corto y medio plazo porque  requiere niveles de movilización y consenso social mucho mayores de los  que existen actualmente en Cataluña (por eso fracasará el gobierno Puigdemont) y,  ya no digamos, en el conjunto del Estado.

Por tanto, el maletín de las soluciones de Unidos Podemos está vacío en la práctica

_Pues vaya mierda, no?

No, no es una mierda, se llama REALIDAD , se llama correlación de fuerzas, y cualquier revolucionario que opte por métodos democráticos ha de tener el valor de afrontarla

Lo revolucionario no es construir relatos atractivos pero fantasiosos, proponer avanzar por vías impracticables o plantear soluciones imposibles: lo revolucionario es encontrar la manera de hacer posible mañana lo que es imposible hoy.

Unidos Podemos debería tener el valor de hacer lo siguiente:

  • desmarcarse, de verdad, de ambos trenes
  • explicar que la independencia ni es nuestro proyecto ni es un objetivo factible en estos momentos
  • apostar por la convocatoria de elecciones en Catalunya y en España (Rajoy derrotará a Puigdemont pero perderá la posibilidad de aprobar los presupuestos del 2018)
  • arremangarse para tejer alianzas políticas y promover la movilización social en torno a la reforma de la Constitución,  la mejora del Estatut y la superación de la catástrofe que supuso la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut del 2006 (por citar sólo lo que hace referencia a Catalunya).

Soy muy consciente de que la derrota del “procés” va a dificultar la culminación de estos objetivos porque, tras la derrota, una parte de la sociedad catalana se instalará en el desánimo y otra parte se instalará en una radicalización estéril. Pero esta también es la realidad con la que tendremos que bregar

Debemos hacerlo porque es imprescindible, porque es coherente y también, claro está, para evitar la amenaza del  descrédito y la progresiva decadencia electoral de nuestro proyecto

 

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Exijamos elecciones en España y en Catalunya, ya

Duelo2Soy muy escéptico respecto a que la Generalitat y el gobierno de España lleguen a un acuerdo de última hora. Unos y otros me parecen demasiado prisioneros de su pasado, de su nefasta gestión política, de la resistencia a admitir la realidad y, lo que es peor, de su irrefrenable tendencia a sacrificar los intereses generales en favor de sus intereses partidistas. Rajoy y Puigdemont son la imagen perfecta del “Duelo a garrotazos” de Goya que ilustra este artículo, sólo que, cuando esto se desbarate de verdad, los muertos, los heridos y los desempleados los van a poner la gente de a pie y no los protagonistas del duelo.

No entro en detalles porque ya he tenido ocasión de exponerlos en otros artículos( 1) (2), y porque, además, el necesario reparto de culpas pasa a un segundo plano ante las terribles consecuencias políticas, sociales, económicas y humanas que se van a derivar de la declaración unilateral de independencia y de la contundente respuesta que el Estado tiene preparada.

Es una magnífica noticia el clamor en favor de la mediación y el acuerdo que se ha levantado en muchos ámbitos pero si, como me temo, estas peticiones son desoídas por los patéticos protagonistas del “Duelo a Garrotazos“, es importante pasar a un plan B en el que seamos nosotros, la ciudadanía de a pie, la que tomemos el mando de la situación y  exijamos la convocatoria de elecciones en Catalunya y en el Estado.

Puigdemont no tiene la necesaria legitimidad para declarar unilateralmente la independencia basándose en unas elecciones plebiscitarias del 2015 que no ganó y en un referéndum sin garantías ni rigor y al que le ha dado la espalda una parte muy importante de la ciudadanía.

Rajoy, por su parte, aunque sea capaz de imponerse en su litigio con la Generalitat, lo hará a costa de un enorme desgaste en España y en Europa y de un altísimo coste político.  Si ahora mismo no es capaz de aprobar los presupuestos, muchísimo menos podrá hacerlo a partir de ahora. Incluso la complicadísima moción de censura que reclama Unidos Podemos y que exige el apoyo activo de PDCAT y ERC se ha quedado vieja por razones obvias que imagino innecesario explicar: ¿os imagináis lo que duraría un gobierno de PSOE y Unidos Podemos dependiente al 100% de ERC y PDCAT?

Lo más decente, lo más limpio, lo más democrático y lo más seguro es que todos nos podamos expresar en Catalunya y en España. Quizás nos equivoquemos y, con nuestro voto colectivo, acabemos por reafirmar al PP en España y a JuntsxSí + CUP en el Parlament de Catalunya, pero, si es así no estaremos mucho peor que ahora. Sin embargo, a mí me parece mucho más probable que este clamor de sensatez que se está extendiendo por todas partes acabe imponiéndose. En todo caso, es nuestro derecho intentarlo y mucho más digno que ser llevados al desastre por dos gobiernos minoritarios e irresponsables

 

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Catalunya: el 1-0 no hubo muertos pero los habrá

conclicte catalàMe dirijo a toda la ciudadanía – independentista o no – porque ella es la que va a pagar injustamente los platos rotos (que van a ser muchos) del fracaso y la inutilidad política del gobierno español y del gobierno catalán.

Miquel Iceta ha dicho esta mañana que la situación de Cataluña es extremadamente grave. Como lo ha dicho preocupado de verdad, no se ha permitido el lujo de aderezar sus palabras con insultos y estridencias y, por tanto, no es fácil que los medios les dediquen demasiada atención.

Sin embargo, tiene razón.

La declaración unilateral de independencia con la que Puigdemont no parecía excesivamente comprometido en su entrevista con Jordi Evole (hace sólo unos días)  ha sido anunciada hoy como algo irreversible en su contenido y en sus plazos. Y eso significa un punto de no retorno muy difícil de arreglar y que, a corto plazo,  pondrá frente a frente a las dos mitades en que la sociedad catalana se encuentra dividida.

En efecto, la inmensa mayoría de los catalanes (un 80% aproximadamente) reivindica su derecho a decidir colectivamente  su futuro pero sólo un porcentaje inferior al 50% se manifiesta abiertamente independentista: lo dicen las encuestas, lo dijeron las elecciones plebiscitarias del 2015 y lo dirían también los propios resultados del 1-0 en el caso de que dichos datos fueran realmente fiables.

Ni  Rajoy ni  Puigdemont – por razones estrictamente partidistas – han querido asumir  en su integridad esta realidad compleja. Por eso Rajoy sigue despreciando y reprimiendo las aspiraciones de los catalanes y Puigdemont pretende conseguir la independencia sin tener detrás una mayoría suficiente de la ciudadanía. Ambos se alimentan de las miserias y los errores del otro (como la impresentable actuación policial del 1-O) y a fe que uno y otro encuentran materia abundante con la que alimentarse.

Pero lo importante es que, cuando se haya declarado la independencia, no sólo habrá un abismo insalvable entre el gobierno de España y el de Cataluña, lo importante es que se va a crear el mismo abismo a nivel ciudadano: ni los independentistas van a participar en estas elecciones autonómicas que reclama Ciudadanos via artículo 155 de la Constitución ni los no independentistas se sentirán interpelados cuando la Generalitat convoque elecciones constituyentes (si es que llegan a poder convocarla).

Las elecciones son la herramienta para vehicular las diferencias políticas. Si no hay convocatoria electoral legitimada por unos y por otros, la fractura social está servida. Y esta fractura interna de la sociedad catalana se traducirá, inevitablemente,  en conflictos, movilizaciones y enfrentamientos mucho más agudos que los del 1-0.

Ojalá me equivoque

 

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El independentismo desde la izquierda. 9 principios básicos

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1.- Vivimos en sociedades organizadas territorialmente por razones antropológicas , históricas y operativas.

2.- Sin embargo, el dibujo concreto de las fronteras (que es algo muy diferente a lo anterior) ha sido consecuencia, en el 99% de los casos, de relaciones de poder y, más concretamente, de conflictos armados.

3.- Cuantos más conflictos territoriales promueve (o padece) una organización territorial, más tiende a desarrollar una ideología sobre su propia realidad de carácter patriótico y también semireligioso en la medida que se pretende inmutable e indiscutible

4.- La izquierda puede y debe implicarse al cien por cien en los conflictos territoriales pero sin olvidar que le ha de interesar más lo que le sucede a la gente en el interior de las fronteras que el ámbito concreto de dichas fronteras. Dicho de otra manera: si pierde su carácter internacionalista y se olvida de que su verdadera patria es la humanidad, no es lo que debería ser.

5- Al margen de cuestiones jurídicas y desde el punto de vista político, el pueblo de Catalunya  ha de poder decidir su futuro. El derecho a decidir de los pueblos está en la mejor tradición de la izquierda porque es un derecho democrático.

6.- También al margen de cuestiones jurídicas, se ha de tener en cuenta que una segregación territorial es un hecho muy  trascendente desde el punto de vista político, jurídico, económico y social  que,  por tanto, invita a buscar amplias mayorías en  la comunidad que se quiere segregar y respeto y colaboración por parte de la comunidad de origen

7.- Es obvio que nada de lo expuesto en los dos puntos anteriores se produce aquí y ahora en España… Y así nos va. El gobierno del PP no sólo desprecia la opinión de los catalanes: ha hecho de la instransigencia ante sus reivindicaciones una bandera de enganche para obtener votos en el resto del Estado. Los partidos independentistas, por su parte y tal como expliqué con detalle el pasado mes de julio, han decidido ignorar su derrota en las elecciones autonómicas de 2015 que ellos mismos calificaron de plebiscito sobre la independencia (obtuvieron el 48% de los votos) y han despreciado también las recientes encuestas de la propia Generalitat que indicaban una ventaja cada vez mayor de la ciudadanía contraria a la independencia. Con semejante panorama, el sainete al que estamos asistiendo no debe extrañar a nadie

8.-  La impresentable actitud del PP no necesita explicación por demasiado obvia. Pero ¿por qué el gobierno catalán se ha metido en este callejón sin salida? Pues porque padece el síndrome de la bicicleta: si te paras, te caes. Si Puigdemont ha aprobado leyes violentado el Parlament y el Estatut; si ha obviado las dificultades jurídicas para conseguir la independencia con una Constitución Española particularmente rígida y refractaria hacia este tema;  si ha mentido al decir que era posible permanecer en la Unión Europea tras una ruptura traumática con España y, por fin, si ha convocado un referéndum sabiendo perfectamente que éste no se iba a celebrar, es por una sola razón: porque, si hacía  lo contrario, se deshacía el bloque independentista que preside y se quedaba en pésimas condiciones ante las próximas e inevitables elecciones autonómicas.

Y lo más esencial

9.- Lo que voy a decir ahora sé que no es hegemónico en la izquierda (aunque estoy convencido de que, en parte, es por esto que así nos va): ni la independencia ni las transformaciones sociales profundas pueden construirse sobre falsedades, atajos, recursos emocionales, relatos fantasiosos ni promesas incumplibles. Esto , como se está demostrando estos días en Catalunya  y como se va a demostrar aún con mayor claridad en el futuro inmediato, es pan para hoy y hambre para mañana.

Hacer política para cohesionar y calentar a los propios es muy gratificante y también muy útil para consolidar a las élites dirigentes de los partidos, pero, a la hora de cambiar las cosas,  sirve para poco.

Cambiar las cosas pasa, necesariamente, por dirigirse a una amplia mayoría, por decirle a esta amplia mayoría  la verdad, por explicar las limitaciones y las dificultades, por ser y parecer coherente, por ser y parecer sincero, por ganar credibilidad y por conseguir que nuestras  propuestas consigan la hegemonía en el conjunto de la sociedad.

No sé si me explico

 

 

 

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La consulta-trampa de Catalunya en Comú sobre la independencia

Catal en Comú2La consulta que la dirección de Catalunya En Comú va a dirigir a su militancia – ¿Catalunya en Comú tiene que participar en la movilización del 1-O?” –  es tramposa por dos razones principales

En primer lugar porque lo que se pretende hacer el 1-0 (independientemente de que se vaya o no a celebrar) no es una “movilización“, es – tomen nota mis compñer@s –  un referéndum sobre la independencia de Catalunya convocado por la Generalitat. Se puede estar o no de acuerdo con este tema pero lo que no se puede hacer es mixtificar una cuestión que va a  abrir fracturas políticas y sociales importantes y por el que mucha gente va a sufrir consecuencias de carácter penal. Es como referirse a la decapitación de Louis XVI de Francia en la abarrotada Plaza de la Revolución como una “movilización popular con presencia del Rey“. No es mentira, pero, desde luego, no es una descripción particularmente honesta de la realidad.

En segundo lugar, porque la pregunta hurta a la militancia la posibilidad de expresar diversas posiciones que no son del agrado de la mayoría de la dirección pero que son las que la gente tiene en la cabeza: desde rechazar de plano la celebración del referéndum hasta  pedir activamente el voto favorable a la independencia. La pregunta ni siquiera incluye técnicamente, algo tan light como una llamada a la participación: versa sólo sobre lo que debe hacer Catalunya En Comú.

Las razones por las que se ha adoptado esta penosa actitud es bastante transparente: en Catalunya en Comú, en el grupo parlamentario y entre sus propios electores hay todo tipo de posiciones y de lo que se trata es de ponerse de perfil e intentar salir del brete con los menores daños posibles. Sin embargo,   la que está en un brete de verdad no es Catalunya En Comú, es la propia ciudadanía de Catalunya… y no estoy muy seguro de que ésta, en momentos tan dramáticos,  aprecie mucho el dontancredismo y la falta de criterio.

Una última cuestión que me preocupa: hace dos meses, Podemos celebró un referéndum manipulado sobre su participación en el gobierno aragonés  , dos meses después está pasando algo parecido en Catalunya. Espero que la cosa no se extienda.  Los que queremos profundizar la democracia estamos muy a favor de las consultas directas, pero no si la cosa va de dirigir las respuestas trucando las preguntas

 

 

 

 

 

 

 

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Guia rápida sobre lo que va a pasar en Catalunya

 

parlament cat2

6 pronósticos

1.- No habrá referéndum el 1-0. Este no es un pronóstico arriesgado: es un hecho que conocen perfectamente todos los actores en presencia.

2.- El 1-0 no va a ser el final de nada, será el principio de una nueva y larga etapa.

3.- En estos momentos, el bloque independentista no tiene otra opción que dar la batalla e intentar la convocatoria del referéndum hasta el último aliento. Lo necesita para salvar la cara, lo necesita para movilizar a la ciudadanía el próximo día 11 se Septiembre  y, sobre todo, sobre todo,  lo necesita para intentar volver a ganar en las  elecciones autonómicas que, sin duda, convocará en breve

4.- Impedir el referéndum del  1-0 tendrá un coste muy grande en términos de radicalización política, de fractura social, de responsabilidades personales, de episodios de desobediencia civil y de sucesos más o menos violentos

5.- En este contexto, el bloque independentista convocará elecciones para aprovechar el rebufo de la represión del 1-0. Es su última oportunidad para obtener una mayoría holgada en vez de la mayoría agónica actual.

6.- Es difícil vaticinar el resultado de las próximas elecciones catalanas porque, entre tanto, van a pasar demasiadas cosas en muy poco tiempo, pero, en todo caso (y salvo el improbable caso de que el bloque independentista fracase estrepitosamente), el periodo postelectoral abrirá un periodo de negociación política con el Estado por dos razones: porque el PP tendrá muy difícil mantener indefinidamente la cerrazón que tan buenos resultados le ha dado en el resto de España y porque el gobierno catalán tendrá difícil volver a poner en marcha sin más un nuevo  tren a ninguna parte.

…y 4 criterios generales

1) La disputa por la soberanía de los territorios es un tema permanentemente vivo, eterno y recurrente desde mucho antes que las palabras política y soberanía existieran.

2) La ley expresa y sirve a determinadas realidades pero no las predetermina  ni las momifica. Dicho de otra manera (y para que Rajoy lo pueda entender): la función de las Constituciones no es definir  la realidad social y política sino expresarla y contribuir a su mejor organización

3)  Los grandes cambios en la soberanía de un territorio determinado  requieren amplios consensos sociales internos. Los referéndums de independencia que pueden ganarse con el 51% de los votos e independientemente de la participación pueden ser legales pero no son sensatos

4) Los partidos independentistas catalanes plantearon las últimas elecciones autonómicas como un plebiscito y lo perdieron porque el independentismo obtuvo menos votos que los partidos no independentistas (obtuvieron más diputados pero en los plebiscitos se cuentan los votos, no los escaños). Las encuestas posteriores de la propia Generalitat indican que Catalunya sigue partida por la mitad y, últimamente, con ligera ventaja de los contrarios a la independencia). En resumen: la posición actual de Junts pel Sí i la CUP es una huída hacia delante como respuesta al impresentable  inmovilismo del gobierno del Estado: no la respuesta a una presión social claramente mayoritaria. Dicho de otra manera: en condiciones normales (es decir, obviando el actual choque de trenes institucional y el bloqueo demencial de la política española y catalana)  ni siquiera  sería interesante para el independentismo plantear ahora un referéndum sobre esta cuestión.

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