LLamazares, la crisis de la izquierda y una consideración final a futuro

Si estás intentando entender las medidas disciplinarias promovidas por Garzón contra Gaspar Llamazares a base de leer recortes de prensa, de entrar en la web de Actúa o, peor aún, de leer los estatutos de IU, te recomiendo vivamente abandonar esta tarea.

Hay una regla de oro que se cumple en cualquier organización política: cuando las cosas van bien, los problemas internos son aparcados y, cuando van mal, los desacuerdos están a la orden del día… Y en el caso de IU, de Podemos y de las famosas confluencias, las cosas van muy mal

Podemos y los aliados que ha ido incorporando (entre los cuales IU) se presentaron ante el mundo como una opción ganadora, como una opción diferente al resto de partidos y sus dinámicas viciosas, como una opción que iba a acabar con la “casta” y que iba a derrotar al “régimen del 78” representado por PP, PSOE y Ciudadanos.

Este discurso populista, parecido a los discursos iniciales del Movimiento 5 estrellas o de Syriza, es mano de santo en épocas de crisis y tiene rentabilidad electoral a corto plazo pero, como no responde a un análisis riguroso de la realidad, acaba por generar desencanto y frustración entre afiliados y electores.

Es cierto que, en el último año ha habido modulaciones del discurso y la práctica política de Unidos Podemos pero, como no ha habido ni un debate colectivo ni una teorización de los cambios necesarios ni, por supuesto, un cambio en los liderazgos, los cambios introducidos por la via de los hechos no han hecho otra cosa que añadir confusión a la confusión.

Por eso las expectativas electorales de UP (como algunos vaticinamos en su día) van progresivamente a la baja de manera continuada desde hace dos años y por eso – siguiendo la regla de oro más arriba mencionada, hay conflictos importantes en las mareas gallegas, en Catalunya, en Madrid y en otras comunidades ; conflictos larvados entre errejonistas y pablistas; conflictos entre Podemos y los anticapitalistas de Podemos … y conflictos internos en IU.

Los conflictos internos en IU tienen especifidades importantes porque no se refieren sólo a las diferencias en la línea política. Lo que están haciendo Garzón y el PCE es acabar con la IU soberana y plural que hemos conocido en las últimas décadas para convertirla en una red de activistas organizada al servicio del PCE , partido que aspira a convertirse – ahí está la clave – en un sujeto de pleno derecho dentro de Unidos Podemos. La determinación con la que se está llevando esta maniobra nos la indica con claridad el hecho de que Garzón esté dispuesto a cercenar una sensibilidad como la que representa IzquierdaAbierta y a dinamitar una federación de IU tan emblemática y potente como la asturiana

En todo caso, la preocupación por estos temas – como demostró un Manifiesto publicado recientemente y cuya lectura recomiendo – no la tienen únicamente Llamazares o Izquierda Abierta sino también muchas otras sensibilidades de IU que asisten espeluznados a la desnaturalización de Izquierda Unida

CONSIDERACION FINAL A FUTURO

El desarrollo de la crisis de Unidos Podemos y de IU se entremezclará confusamente y de manera poco predecible con las convocatorias electorales de los próximos meses pero lo que está más claro que el agua es que, tras el ciclo electoral y gobierne quien gobierne en el Estado, lo que ahora abarca UP se encontrará partido en varios trozos.

Mi obsesión, y la de otros muchos, es que uno de estos trozos recoja los valores fundamentales que caracterizaron a la antigua IU, que sea honesta en sus análisis de la realidad, que prime el servicio a la ciudadanía sobre la vieja política partidista, que abomine del sectarismo, que sea capaz de colaborar con otras izquierdas en torno a programas y que, por supuesto, cultive una una democracia participativa y organizada que rechaze el cesarismo plebiscitario.

Ojo! Que esta fuerza política (una especie de IU rejuvenecida y mejorada) sea posible no está escrito en ninguna parte pero lo que sí me parece indiscutible es que, si esto no se consigue, el futuro de la izquierda en España será mucho más complicado y difícil.

Por eso es necesario que todo lo que comparta esta visión se movilice con generosidad y con una visión amplia del futuro que se ha de construir. Yo, desde luego, estaré en la última fila empujando todo aquello que se mueva en esta dirección

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Por una izquierda con futuro: hacer que lo necesario sea posible

Este manifiesto, que hemos firmado un grupo de 28 personas, me parece importante porque plantea cuestiones esenciales para la izquierda en nuestro país y en Europa. Podéis encontrarlo también en este enlace

Las recetas  neoliberales que se han implementado para superar la crisis del 2008 han supuesto una importante pérdida de derechos, han generado un grave sufrimiento social  y también han agitado conciencias, han generado exigencias de cambio y han alterado el panorama electoral. Sin embargo, en ningún caso la izquierda ha sido capaz de superar nítidamente la lógica neoliberal.

No lo han conseguido los partidos tradicionales y tampoco lo han conseguido los nuevos partidos (Podemos, la Francia Insumisa, Syriza, el Movimiento 5 Estrellas y otros de menor entidad)  que surgieron al socaire de esta coyuntura tomando como bandera superar la vieja política y darle una salida popular a la crisis. Es más: en algunos casos, como Italia o Grecia, estos partidos han acabado ejecutando políticas radicalmente distintas a las inicialmente prometidas.

La terrible realidad es que no sólo nos hallamos ante un ciclo conservador tradicional sino que  la alternativa más probable a las políticas conservadoras es su agudización mediante la contaminación con políticas de la extrema derecha, como se ha puesto de manifiesto en los últimos procesos electorales en Europa y América. Lamentablemente, la agitación, la frustración  y el miedo han derivado más fácilmente hacia las propuestas corporativas, autoritarias y xenófobas de la extrema derecha que hacia las propuestas  solidarias y progresistas de la izquierda

Es urgente, por tanto, que la izquierda y las fuerzas progresistas inviertan esta deriva abandonando sus inercias, su confusión y su ambigüedad. La confianza mágica en que el tiempo acabará por darnos la razón,  los discursos autocomplacientes, las promesas simplistas y demagógicas y las miserias oportunistas son lastres que es imprescindible eliminar.

En el año 2015,  cuando se constituyó el gobierno portugués, la izquierda española apenas prestó atención a este hecho porque estaba demasiado ocupada en conseguir (o evitar, según el caso) el famoso “sorpasso” y porque algunos estaban  demasiado distraídos con la supuesta, próxima e inevitable ruptura del “régimen del 78” y con remediar el “fiasco” de la transición.

Cuando, en diciembre del 2015, las elecciones generales se tradujeron en una ligera mayoría de la izquierda,  se optó por arrojar al sumidero de la historia este “insignificante” botín y se forzó la convocatoria de una nuevas elecciones en las que  la izquierda perdió terreno y la derecha recuperó su hegemonía. En efecto, los resultados del 26 J pusieron de manifiesto la profunda división de la socialdemocracia y la evidencia de que los procesos cupulares de confluencia pre-electoral no siempre suman, sino que, en ocasiones, restan electoralmente y dividen políticamente.

Tres años después,  Portugal es un país con un Gobierno sostenido por diversos partidos de izquierda, que no ha hecho la revolución pero que lleva a cabo una política progresista y realista, que mantiene a raya a la derecha y donde la extrema derecha no es una amenaza significativa.

En España, por su parte, la exitosa moción de censura al gobierno de Rajoy ha puesto en marcha una experiencia progresista propiciada por el impacto de la sentencia de la Gurtel y la corrupción generalizada del PP. La mera existencia de una alternativa de gobierno tangible ha tenido un efecto positivo en la opinión pública y parecería lógico pensar que, por parte de las fuerzas progresistas, habría una voluntad firme de engancharse a este tren para propiciar un cambio real en el país.

Sin embargo,  la realidad es que, seis meses después de la investidura de Sánchez, una parte de los apoyos parlamentarios ha roto con el Gobierno y su socio mayoritario ya lo da por liquidado.

No hace falta perder demasiado tiempo en explicar lo que va a suceder en este país si el balance del actual Gobierno queda asociado a conceptos como “inviabilidad”, “inutilidad” o “fracaso”.  La espectacular deriva del PP y Ciudadanos hacia discursos y propuestas propias de la extrema derecha en casi todos los ámbitos, así como la irrupción institucional de Vox, auguran una auténtica lluvia de azufre en temas laborales, de derechos y libertades, privatizaciones, respeto a la pluralidad territorial, gestión del problema catalán, inmigración y un larguísimo etcétera.

Los resultados de las elecciones andaluzas, sin ser necesariamente extrapolables al resto del Estado, indican bien claramente que no estamos hablando de hipótesis poco creíbles  o interesadas sino de posibilidades muy reales e inmediatas.

Esta reflexión elemental no parece que vaya a ser capaz de sobreponerse a los intereses partidistas de algunos actores pero, para quienes firmamos este escrito, es fundamental que, tras las próximas elecciones generales, pueda constituirse otro Gobierno que avance por la izquierda.

Que se aprueben unos nuevos presupuestos ayudaría sin duda a este propósito pero no nos engañemos: lo esencial es que, en los próximos meses, se aprueben las medidas relativas a salario mínimo, pensiones, protección medioambiental, memoria histórica, código penal, etc que ya están sobre la mesa.

Que cualquier fuerza progresista, pueda oponerse a ello o, sencillamente, entorpecer este propósito constituiría un error imperdonable.

Si, parafraseando a Boaventura de Sousa Santos, aspiramos a “una izquierda con futuro”, tenemos que centrarnos en los problemas reales de la gente y  lograr que lo necesario sea posible con imaginación, iniciativa, mucha organización y prácticas políticas coherentes con ese objetivo.

De la misma manera, debemos huir del círculo vicioso de crispación, volatilidad, confusión y sobresalto permanente que caracteriza la política española. Este juego beneficia a la derecha y sofoca el discurso y las propuestas de la izquierda.

Los  firmantes de  este manifiesto apostamos por el federalismo español republicano entendido como el federalismo de la libertad, los derechos, la participación y la responsabilidad, tanto frente al independentismo  como frente al rebufo patriotero.

De igual modo, frente al neoliberalismo y la crisis de legitimidad de la UE, que lleva a partidos de la izquierda a cuestionarla y refugiarse en la renacionalización,  defendemos el avance social y federal de Europa.

El futuro de la izquierda pasa más por explicar, por convencer al no convencido y por defender con firmeza nuestros valores y nuestros objetivos estratégicos. Pasa  por defender sin ambages ni excepciones los valores democráticos; pasa por explicar honestamente la verdad y renunciar a la demagogia; pasa por poner las personas por encima de las fronteras; pasa por buscar la sintonía con la sociedad organizada que comparte nuestros valores;  pasa por apoyar sin fisuras un movimiento sindical que es la primera víctima de este ciclo conservador; pasa, en fin, por reconocernos a nosotros mismos en nuestra pluralidad, ejerciendo la crítica y la autocrítica pero sin  poner jamás los intereses partidistas por encima de las posibilidades de colaboración.

Por otra parte, la deseable aspiración a la unidad de acción de la izquierda política y social española debe ser real y basarse en el respeto a la pluralidad y no en pretensiones de hegemonía excluyente, en el reproche mutuo, en estatutos de limpieza de sangre o en estériles tacticismos cortoplacistas.

Firman este manifiesto, como promotores, por orden alfabético:

Teresa Aranguren

Javier Adalid

Mariano Asenjo

Juana Caballero

Ignacio García

José Antonio García Rubio

Jaime Gareth Florez

Eberhard Grosske

Francisco Guarido

Cayo Lara

Gaspar Llamazares

Paloma López

Glòria Marcos

Gloria Martín

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Causas y consecuencias de las elecciones andaluzas de (diciembre 2018)

Este es el artículo que escribimos José Luis Pérez Tapias, Ricardo Sixto Iglesias, Gloria Martín Rodríguez, Jaime Gareth Flórez Berreales, Susana Vila Rodríguez, Glòria Marcos Martí y yo mismo sobre las elecciones andaluzas y que publicó eldiario.es . Podéis encontrarlo también en este enlace

ANDALUCÍA: MALOS RESULTADOS DE UNA POLÍTICA ERRONEA Las elecciones andaluzas del pasado domingo han vuelto a dejar a las encuestas en mal lugar. Ninguna había sido capaz de adelantar que pese a ganar las elecciones, el PSOE sufriría un castigo electoral tan importante y que, por otro lado, la posible irrupción de VOX en el Parlamento andaluz tendría las grandes proporciones que finalmente hicieron que, por vez primera en democracia, el bloque de derechas superase al de izquierdas en votos y escaños.
Para alarma generalizada de cualquier demócrata, la extrema derecha ha hecho nuevamente aparición en las instituciones, con una fuerza que no se esperaba. Esta movilización del voto extremista hay que ponerla en relación con el desgaste del PP, partido al que tradicionalmente acudían estos votantes. Ciudadanos, que jugaba a recoger el voto descontento del PP y a sumar más apoyos, ha visto frustrado este último objetivo a pesar del espectacular incremento de votos recibidos. La aparición de la extrema derecha en la cámara ha ido paralela a la frustración de Ciudadanos por no conseguir sobrepasar al PP, probablemente porque le ha pesado haber sostenido durante la legislatura anterior al gobierno de Susana Díaz.
En todo caso, el aumento de voto al bloque de la derecha hay que revisarlo con una cierta perspectiva. En las elecciones autonómicas de 2012 el PP y UPyD sumaron solamente unos cien mil votos menos de los obtenidos ahora por PP, C’s y Vox. No parece que se haya producido una movilización importante de votantes de izquierda hacia posiciones de extrema derecha. Más bien los votantes de derecha y extrema derecha se han movilizado enervados por la situación catalana o la cuestión migratoria, volcando sus apoyos en un casi desconocido partido extremista elevado al estrellato por los medios de comunicación y hasta por la propia Susana Díaz en debate televisado.
Mientras toda la derecha se ha movilizado a participar en estos comicios, el electorado de izquierdas ha experimentado una desmovilización especular en sentido contrario. El hundimiento del PSOE hay que explicarlo en el marco del desgaste por los años de gobierno, el peso de los problemas de corrupción, e incluso otras cuestiones de menor calado como la frustrada maniobra de Susana Díaz para saltar a Madrid tras la defenestración de Pedro Sánchez, de la cual fue si no responsable principal, sí una actriz protagonista. Sin embargo nada parecía augurar tamaño desastre. Susana parecía sentarse sobre un suelo electoral más solvente, al menos lo suficiente como para poder mantener la Presidencia de la Junta, con los apoyos que pudiese recabar a posteriori. Pero la abstención de una parte significativa del electorado socialista ha frustrado esa estrategia, tanto como la del pretendido sorpaso por parte de Adelante Andalucía.
A la izquierda del PSOE, Podemos e IU, que concurrieron a las elecciones de 2015 por separado tenían la secreta esperanza de obtener mejores resultados que el PSOE y el público deseo, apoyado en algunas encuestas, de obtener unos resultados que superasen la mera suma aritmética de los votos y escaños
obtenidos tres años antes. Sin embargo ambos anhelos se vieron defraudados la noche electoral. Ni se pudo sumar lo que obtuvieron por separado en 2015 ni, mucho menos, recoger parte del electorado defraudado con el PSOE para capitanear la izquierda andaluza. Nuevamente vemos que las coaliciones raramente suman, más bien o multiplican o, en muchos casos, restan.
Las razones de este fracaso tienen que ver tanto con la deriva general de Unidos Podemos como con errores cometidos en el ámbito estrictamente andaluz.
Adelante Andalucía se ha presentado a las elecciones con un discurso político confuso que situaba como objetivo principal la derrota del “susanismo”, excluía, en la práctica la posibilidad de gobernar, y planteaba acuerdos parlamentarios puntuales con el Partido Socialista de incierta viabilidad. Dicho discurso no era estimulante para los electorados de Podemos e IU y tampoco resultaba útil de cara a conseguir la adhesión de electores decepcionados con el Partido Socialista para quienes este escenario de incertidumbre y confusión no tenía particular atractivo. Sin embargo, no podemos olvidar que Unidos Podemos está electoralmente a la baja desde su misma constitución en 2016, cuando perdió un millón de votos respecto a lo obtenido por IU y Podemos en las elecciones de diciembre de 2015. Desde entonces, las perspectivas electorales de UP han ido permanentemente a la baja.
La razón es que en Unidos Podemos se han ido sumando muchos errores: vaivenes permanentes en el discurso y en los objetivos estratégicos; en el modelo territorial; en la cuestión catalana en particular; en el análisis de la realidad y en la relación con el PSOE. En el caso de Catalunya, esta ambigüedad y falta de rigor en el discurso ha terminado por dividir gravemente a Catalunya en Comú y, en el caso de IU, a la desaparición en la práctica de nuestro referente en Catalunya. Por otra parte, tanto en Podemos como en IU se han adoptado modelos organizativos verticales de carácter plebiscitario que sólo tienen de democrático la apariencia y que han convertido de facto a los adheridos y adheridas en meros refrendadores de los acuerdos cupulares. Por último, el cainismo y los tics autoritarios que se ha instalado en Podemos y en IU (el último ejemplo ha sido la eliminación de todos los miembros del grupo de IU en el Parlamento europeo y su sustitución por nuevos candidatos afectos al Coordinador general) ha supuesto la pérdida de un valor fundamental para la izquierda que es el respeto a la pluralidad política y territorial y conduce irremisiblemente, a la desmovilización progresiva de los adheridos y adheridas.
Todo ello ha contribuido a decepcionar a propios y electores, haciendo la oferta electoral nada atractiva para atraer a los votantes. Las direcciones de Podemos e IU deberían reflexionar sobre los errores cometidos, las necesarias medidas de renovación y los cambios que se hacen imprescindibles para invertir la tendencia a disminuir el respaldo electoral.
Lamentablemente los primeros análisis evacuados aunque reconocen la existencia de problemas no apuntan ninguna solución más allá de ahondar en las estrategias cuestionadas por electorados que de facto son diversas y en
análisis desapegados de la realidad. Los llamamientos genéricos a la unidad y al fortalecimiento organizativo parecen más un cierre de filas y nueva laminación de la pluralidad. O se rectifica y pronto la política y la dinámica organizativa de IU o viviremos nuevas decepciones electorales en los próximos comicios

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Desgraciamos generaciones enteras pero vamos a mejor

Recuerdo los presos del IRA que murieron en huelga de hambre para conseguir, que Irlanda del Norte se incorporara al resto de Irlanda… sin conseguirlo

Recuerdo los asesinatos y secuestros de ETA llevados a cabo para derrotar al Estado español y conseguir la independencia y el socialismo en Euskadi… sin  conseguirlo.

Veo a Gran Bretaña metida en un callejón sin salida:  obligada por un referéndum convocado según los intereses del Partido Conservador (y en el que la gente votó sin conocer toda la verdad) y atrapada en un acuerdo de Brexit con la Unión Europea que no gusta a casi nadie.

Veo al independentismo catalán incapaz de reconocer que no se puede proclamar la independencia con sólo el apoyo de la mitad de los catalanes. Veo como su barco se acerca progresivamente a los arrecifes y que  nadie tiene el valor de dar un golpe de timón por el desgaste electoral que esto supondría para su partido

Leo lo que se publica en la prensa y las redes sociales y observo melancólico que, en momentos de conflicto, la razón es sistemáticamente pisoteada y lo único que cuenta es la emoción o la mentira interesada.

Entonces me dan ganas de enviarlo todo a paseo… pero hay una cosa que me sostiene: al final, aunque seamos capaces de desgraciar la vida a generaciones enteras (¿recordamos lo que significaron las últimas guerras mundiales?) si uno mira la historia de la humanidad en perspectiva (de unos 350.000 año para acá) se aprecia claramente que vamos progresivamente a mejor.

Así que habrá que joderse, vencer el desánimo y hacer lo posible para seguir en política hasta el final, intentando, sencillamente,  que todo vaya a mejor

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PSOE y Adelante Andalucía serán capaces de entenderse?

entendimiento andalucia1 ) Andalucía es de izquierdas: en lo que llevamos de siglo, la izquierda ha superado siempre el 50% de los votos y, si hemos de creer las encuestas, así será también dentro de quince días.

2 ) Este voto ha sido siempre plural pero con una clara hegemonía del PSOE que, en  diversas ocasiones, ha obtenido mayorías absolutas muy holgadas.

3 ) Desde hace 10 años, el terremoto de la crisis ha acabado con las mayorías absolutas y también ha supuesto un mayor equilibrio dentro de la izquierda, pero siempre con una clara mayoría del partido socialista. El PSOE, en 2015, casi dobló a  la suma del voto de Podemos e IU y, según la encuesta del CIS, doblará en votos a Adelante Andalucía.

4 ) Desgraciadamente, la izquierda más mayoritaria del Estado es también la izquierda más sectaria. El PSOE Andaluz, acostumbrado a las mieles de gobernar en solitario, intenta por todos los medios mantener este status y por eso rompió su acuerdo de gobierno con IU en la legislatura pasada. Por su parte, IU y Podemos han dedicado los últimos cuatro años a alimentar un discurso absurdo según el cual la derrota del PSOE debía ser el paso previo al verdadero cambio en Andalucía.

5) Unos y otros se han de bajar del carro. Si Susana Díaz pretende – como me temo – gobernar en solitario con acuerdos de geometria variable con A.A. y Ciudadanos se equivocará porque este Ciudadanos que tiene enfrente ya no es la criatura recién llegada que obtuvo nueve escaños en 2015: es un partido maduro que va a doblar resultados y que tiene una alianza implícita con el PP para llegar al poder en Andalucía y en el Estado. Por otra parte, si Adelante Andalucía pretende facilitar la investidura de Susana Díaz para, a continuación,  dedicarse a desgastar al gobierno también se va a equivocar porque, como en el caso anterior, la resultante será facilitar un gobierno (ultra) conservador en Andalucía y en el resto del Estado.

6 y último ) Cuando pasen las elecciones el PSOE y Adelante Andalucía han de ponerse al servicio de la ciudadanía y acordar contenidos y criterios de gobierno, como hizo IU en 2012, pero con más concreción, con menos marrullería y con verdadera lealtad no del uno hacia el otro sino de los dos hacia la ciudadanía que les ha votado . Moralmente y políticamente, ésta es su obligación

 

 

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Todos deberíamos ser golpistas, como Sánchez

aaagolpistasEl artículo 472 del Código Penal no hace una referencia explícita a la figura del golpe de Estado pero define como reos del delito de “rebelión”  a los que “se alzaren violenta y públicamente” para modificar la Constitución, derrocar la monarquía y otros supuestos

El término golpe de Estado lo define  la Real Academia Española como una “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes” y define un golpista como aquél que “participa en un golpe de Estado o que lo apoya de cualquier modo

Según nos informó ayer Pablo Casado,  en estos momentos, en España, se está produciendo un golpe de Estado, es decir, una  “actuación violenta y rápida dirigida generalmente por fuerzas militares o rebeldes para apoderarse de los resortes del gobierno”  

Es más: Casado también nos informó de que Pedro Sánchez era “participe y responsable de este golpe de Estado” y,  por tanto, que era un golpista, ya que, según la RAE, un golpista es exactamente esto: quien “participa en un golpe de Estado o que lo apoya de cualquier modo” 

Al común de los mortales nos es difícil identificar esta “acción violenta y rápida” de “fuerzas militares y rebeldes” que se está dando en Catalunya “para apoderarse de los resortes del gobierno“. Pero, en todo caso, si el Señor Casado es capaz de ver un golpe de Estado en lo que vemos en los telediarios todos los días, creo que se ha metido en un buen lío porque esta situación ya se producía antes de junio y, por tanto, la lógica más elemental nos indicaría que Rajoy también era un golpista.

No me extenderé más. Los propósitos del Señor Casado sólo pueden ser propios de un ignorante, de un desequilibrado o – como creo que es el caso – de alguien que desprecia olímpicamente la verdad.

Por eso creo que Pedro Sánchez hizo muy bien ayer al dar un golpe – no de Estado sino sobre la mesa – y romper relaciones con Casado hasta que éste se retracte. Pero no por la misma razón que cualquier persona  podría hacerlo sino porque, desde mi perspectiva de izquierdas, estoy convencido de que el embarramiento del debate político, el recurso a la mentira y el intento de agitar las conciencias mediante falsedades o desvaríos  es profundamente reaccionario y muy perjudicial para la izquierda.

Creo firmemente que la izquierda sólo puede abrirse paso en estos momentos tan difíciles para ella (en España y en Europa)  cargándose de razón y negándose a entrar en el juego fácil de la demagogia porque estoy convencido de que en el mundo del populismo barato, los Fakes, la información basura, los sloganes superficiales y la supremacía de la emoción sobre la razón la izquierda pierde seguro.

Quiero ver en el gesto de Pedro Sánchez, por tanto,  no sólo un gesto de dignidad sino también un no rotundo  a la pseudopolítica y a la postverdad y un compromiso igualmente rotundo con  los  valores, el compromiso, la sinceridad, el reconocimiento de las dificultades, el gusto por los matices y  la honestidad intelectual. Eso sí que sería hacer nueva política

 

Dedicado a Emilio Alonso, animal racional donde los haya,  quien, estoy seguro, compartirá estas modestas líneas

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¿La ministra de Justicia debe dimitir o no?… y un par de capones

aaa dudaLa ética política es una asignatura difícil de aprobar. Los códigos éticos de los partidos son poco útiles y suelen centrarse, con mayor o menor fortuna, en cuestiones relacionadas con el Código Penal. Las otras cuestiones: las relacionadas con el comportamiento ético y la ejemplaridad exigible a quienes se dedican a la política, conforman un campo muy vasto y espinoso, que requiere ser tratado con mucha seriedad y que se han de medir con un criterio esencial: la coherencia

Desgraciadamente, lo más habitual es que, en estos casos, cada partido tienda a posicionarse en cada caso según le convenga y que la gente piense, con bastante razón, que la famosa ética brilla por su ausencia y sólo se invoca para zaherir interesadamente al adversario.

El gobierno de Pedro Sánchez parece haber dado un giro a esta dinámica con la dimisión de dos ministros por cuestiones por las que hasta ahora, sólo se dimitía en algunos países  europeos.  La pregunta es si será capaz de aguantar el tirón de su propia autoexigencia.

El PP está pasando por el scáner a todos los ministros (incluyendo al propio Sánchez) y está exigiendo a los demás lo que jamás se ha exigido a sí mismo y lo que, estoy seguro,  tampoco piensa autoexigirse en el futuro. Pero, éticamente, no se puede utilizar esta consideración para tapar las denuncias del PP: esto sería entrar en el juego perverso que antes denunciaba.

Por tanto, la pregunta sobre la dimisión de Dolores Delgado que encabeza este artículo es totalmente pertinente y mi conclusión, después de darle muchas vueltas, es que tal dimisión no es necesaria

No lo exige su lenguaje políticamente incorrecto en un ámbito coloquial (lo que dejaría inhabilitado para la política al 90% de la población española).

No lo exigen sus confusas explicaciones iniciales sobre la relación que sostenía con Villarejo porque se trata de algo sucedido años atrás y porque lo esencial – que no tenía con él relación estrecha de ningún tipo – ha sido siempre mantenido y,  de momento, nadie ha podido desmentirlo.

No lo exige el mero hecho de comer con Villarejo porque, en el momento que lo hace, Villarejo era un policía reputado y condecorado, no un presunto delincuente

No lo exige el el hecho de que acote con la expresión “éxito total” los eficaces y turbios procedimientos de Villarejo  para obtener información porque asentir a que sean eficaces no implica que sean correctos.

No lo exige, y esto es lo más importante, que no denunciara ante el juzgado de guardia la conversación mantenida con Villarejo porque es prácticamente imposible que dicha denuncia tuviera algún  viso de prosperar (entre otras cosas, porque no habría ninguna prueba material que la sustentara: quien grabó y se quedó las cintas fue Villarejo, no el resto de comensales). Tanto es así que quienes sostienen lo contrario, si realmente se lo creyeran, deberían revolverse también contra los altos mandos policiales y el juez que también estaban presentes en la comida para echarles en cara que no presentaran  denuncia… pero nadie lo ha hecho porque no había denuncia viable que presentar y   porque esto dificultaría el único objetivo que realmente se persigue: la dimisión de la ministra.

Esta es mi sincera y pobre opinión y respeto otras en contrario formuladas desde el rigor y la imparcialidad:  los juicios éticos no son  fórmulas matemáticas.

Lo que me es difícil de aceptar son contradicciones como las que antes he expuesto en relación al PP… y como la de los partidos que se abstuvieron en la votación del Senado: Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, Compromís y CC.

La Ministra puede dimitir o no… pero no puede medio dimitir. De la misma manera, los partidos pueden opinar que existen motivos suficientes para la dimisión o que dichos motivos son insuficientes, poco claros o, sencillamente falsos: en el primer caso han de votar a favor de la dimisión y en el segundo han de votar en contra.

Quien crea que la Ministra cometió una inmoralidad debe pedir su dimisión. Quien no lo crea debe hacer lo contrario. Pero darse el gusto de criticar a la ministra para que quede claro lo escrupuloso que uno es en estos temas pero absteniéndose de votar porque tienen que acordar unos presupuestos, o porque están negociando cosas de financiación  o porque les parece poco estético votar junto con el PP y Ciudadanos me parece una inmoralidad y política vieja de toda la vida

 

 

 

 

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